
Neus Asensio
De los balcones de la localidad de Crevillent, municipio del Baix Vinalopó, cuelgan cosas: aparecen, a veces, casas que conmemoran a nuestro patrón sant Francesc d’Assís o a cualquier otra santidad de las que sean devotos; otras, en cambio, se decantan por mostrar de qué equipo de fútbol son hinchas. Sin embargo, en las últimas semanas ha habido la proliferación de carteles que han cambiado nuestro paisaje lingüístico, un paisaje lingüístico marcado por ser una de las zonas limítrofes y que se encuentra a tan solo unos minutos de distancia de territorio castellanoparlante. Esos carteles que colgaban de los balcones tenían un mensaje claro, contundente: “Esta casa diu sí al valencià”.
Tras el desastre de la DANA, a nuestro gobierno autonómico se le suma otro error más: la imposición de una consulta para decidir la lengua base en colegios e institutos, dejando en manos de las familias la elección de la formación lingüística de sus hijos e hijas. En un ambiente lingüístico marcado por los constantes intentos por marginalizar la lengua de los valencianos, la Llei Rovira o la mal llamada Llei de Llibertat Educativa supone una tentativa más en la línea de arrinconar en el olvido la lengua valenciana en las aulas. Dicha consulta no responde, por tanto, a demandas sociales, sino a una estrategia política. Tras jornadas de incertidumbre por descubrir cuáles habían sido los resultados de la encuesta, ya conocemos que tan solo un 58,6% de las familias han sido partícipes de dicha consulta y que, en consecuencia, se podría hablar de un relativo éxito de participación que se reivindica desde la Generalitat.
Som del sud, d’allà on la terra mor i d’allà on seguirem dient que les nostres comarques i les nostres cases diuen sí al valencià.
Desde asociaciones como pueden ser “Famílies pel Valencià” se están movilizando, mediante recursos y alegaciones, por las numerosas incidencias a las que se han tenido que enfrentar las familias desde el inicio de este proceso: desde una desinformación que ha sido evidente desde el anuncio de la consulta, hasta errores en las páginas web por los que, en algunos casos, se ha imposibilitado la votación. Los resultados de la consulta no dejan lugar a duda: existe disparidad de opiniones respecto a este tema. Mientras que un 50,53% de las familias han elegido el valenciano como lengua base para la educación de sus hijos e hijas, un 49,47% se ha mostrado favorable a que dicha lengua sea el castellano. Se trata de resultados que, en líneas generales, parecen equilibrados, por lo que hay que prestar especial atención a las posibles diferencias que puede haber a nivel comarcal.
Es cierto que existe una fractura lingüística en nuestro territorio en función de la lengua que predomina y es cierto que, desde el primer momento, sabíamos de antemano que no íbamos a encontrar los mismos resultados en la comarca del Baix Segura y en la de El Comtat. Este hecho no debe servir como justificación para menospreciar las comarcas del sur, históricamente despreciadas por existir una mayor presencia del castellano. No se trata, en ningún caso, de una victoria para la población del sur del territorio, pero no debemos olvidar que hasta el último niño de la última escuela de Pilar de la Horadada, allá en la frontera de la Región de Murcia, tiene derecho a estudiar en valenciano. Es una puerta abierta para seguir con su formación y, también, para descubrir y potenciar sus raíces claramente valencianas.
Desde todo el territorio se debe realizar un esfuerzo conjunto para que esta lengua, que ha sobrevivido durante siglos a pesar de los constantes intentos de acabar con ella, siga estando presente en todos los ámbitos de la sociedad. Som del sud, d’allà on la terra mor i d’allà on seguirem dient que les nostres comarques i les nostres cases diuen sí al valencià.



