ChatGPT: el algoritmo patriarcal en acción

Una persona utilizando ChatGPT en su móvil

Teniendo esto en cuenta, no es raro encontrarse con la repetición de prejuicios y, por ende, con su posible perpetuación, pues ChatGPT puede llegar a ser más retrógrado que nuestro tío en la cena de Navidad. En un mundo dominado por el patriarcado, ChatGPT bebe de la teta del machismo y esto se hace explícito alguna que otra vez.

Por ejemplo, la gran mayoría de las veces, si le pedimos a ChatGPT que nos genere una imagen de una persona (sin género explícito) en un rol tradicionalmente (mal) adscrito a la figura del hombre, como, por ejemplo, en un cargo directivo o trabajando en un taller mecánico, ¿adivinad qué ocurre? Nos genera la imagen de un hombre, como no. Ahora bien, si le pedimos a ChatGPT que nos genere la imagen de una persona al cargo del cuidado de los niños, la limpieza o la cocina de un hogar, ¡qué sorpresa! Nos aparece una mujer sonriente, probablemente con delantal y una paciencia que ya quisiéramos todos tener.

Sí, señores, ChatGPT es machista y estos resultados no son una coincidencia, sino que las bases sobre las que se asienta la inteligencia artificial tienen en ellas colgado un cartel enorme donde se encuentra escrito “propiedad del patriarcado”. Pero claro, no podemos culpar a ChatGPT. ¡Pobre criatura digital, no sabe lo que hace! Esta herramienta entrena con los datos que la sociedad le ofrece, una sociedad en la que el machismo se encuentra, como todo tema recurrentemente aburrido, hasta en la sopa.

En un mundo dominado por el patriarcado, ChatGPT bebe de la teta del machismo y esto se hace explícito alguna que otra vez.

La inteligencia artificial nos vende el mismo paquete de roles de género de siempre, pero nos pone carita de cachorrito adorable, adornado con toques de modernidad y tecnología. De acuerdo, pero ¿entonces qué? ¿Qué hacemos con ChatGPT? ¿Le internamos en un reformatorio hasta que aprenda buenos modales? ¿Le damos un curso intensivo de perspectiva de género? ¿Lo mandamos a terapia de deconstrucción digital?

Ojalá tuviese remedios tan fáciles, pero no. Lo que deberíamos hacer es tomar cartas en el asunto y que los responsables del diseño de estas herramientas se responsabilicen sobre los datos de los que mama su querida criatura. Porque si dejamos que la inteligencia artificial siga aprendiendo del mundo tal y como es, en lugar de como debería ser, estamos condenándonos a vivir en un episodio interminable de Black Mirror.

Queremos un algoritmo propio del futuro que esperamos tener, un algoritmo que rompa con los clichés de siempre y no que los repita, que cuando le pidamos que genere la imagen de una persona exitosa nos dé una representación diversa y no solo a un señor serio con corbata, porque si no me temo yo que de ‘inteligencia’ poca y de ‘artificial’ demasiada.

¡A programar con perspectiva de género que la vida son dos días y el futuro nos está mirando (y probablemente sea mujer)!