Amarga Navidad: Almodóvar entre realidad, ficción y humor renovado

Cartel de Amarga Navidad (Almodóvar, 2026)
Cartel de Amarga navidad (Almodóvar, 2026)

Almodóvar vuelve con las energías renovadas después de su incursión en Hollywood con dos cortometrajes, La voz humana (2020) y Extraña forma de vida (2023), y su anterior película, La habitación de al lado (2024).

Este nuevo título está basado en un cuento del mismo nombre que el director escribió en el año 2003 y que fue publicado en su libro de relatos El último sueño, en 2023. La película parte del relato original para, después, expandirse en varias historias entrelazadas que juegan constantemente con realidad y ficción.

La historia se divide en dos, una, en el verano de 2026, en la que el director Raúl Durán (Leonardo Sbaraglia) intenta superar una sequía creativa escribiendo su nuevo guion. La segunda historia, que ocurre en el año 2004, es la de Elsa Rosado (Bárbara Lennie), que es una publicista y exdirectora de culto que vive su primer ataque de ansiedad.

La vuelta de tuerca está en que Elsa es, en realidad, la protagonista del guion de Raúl, que empezará a inspirarse en la vida de su asistenta para escribir la historia. Ambas historias se desarrollarán indagando en el proceso creativo del director y los límites de la autoficción.

La presencia del cineasta manchego se percibe durante toda la película. Los dos protagonistas, tanto Raúl como Elsa, nacen de una inspiración personal. De hecho, el ataque de ansiedad que vive Elsa al inicio de la película es un hecho real que le ocurrió a Almodóvar durante el rodaje de La mala educación (2004). También confesó hace unos días, en una entrevista para Pepa Bueno, que hay frases del director protagonista que son suyas, que él mismo ha dicho, siendo creador y musa al mismo tiempo.

El guion, a pesar de tener sus grises, deja constancia de la brillantez de Almodóvar escribiendo, sobre todo de cara al último tramo de la película.

La cinta se desarrolla entre varios escenarios de Madrid y Lanzarote, isla a la que el director vuelve a rodar después de 17 años, cuando dirigió allí algunas partes de Los abrazos rotos (2009). De hecho, Almodóvar comentó en una entrevista para El País que una de las inspiraciones de esta película fue la playa negra del Charco de los Clicos, en la misma isla.

Durante la película se explora el proceso creativo de un director y las dudas éticas que desencadena inspirarse en historias ajenas, como le pasa a Raúl con su asistenta. El film explora los límites de la autoficción, como en otras películas suyas. El ejemplo más claro es Dolor y gloria (2019), donde Almodóvar se hace una radiografía muy sincera sobre sí mismo y la muerte de su madre, tema que también aparece en esta película. El director manchego ha repetido en más de una ocasión que “la realidad necesita de la ficción para que sea más vivible”, acompañada de la anécdota de cómo su madre les leía las cartas a las vecinas analfabetas en su pueblo natal, y añadía o suavizaba el contenido de estas, difuminando los límites entre realidad y ficción en nuestras propias vidas.

En el preestreno de la película, Almodóvar comentó que había recuperado el sentido del humor en su cine. Tras una década de películas bastante serias, en esta cinta vuelve a su humor característico, que crea momentos inolvidables.

La carga dramática aparece en su segunda mitad, con reflexiones sobre la pérdida y los cuidados, que es un tema cada vez más presente en el cine del director. Aun así, está muy bien equilibrada, con buenas dosis de comedia, con frases y diálogos surrealistas y disparatados. El guion, a pesar de tener sus grises, deja constancia de la brillantez de Almodóvar escribiendo, sobre todo de cara al último tramo de la película.

Tras unas cuantas películas más crepusculares, aquí vemos a un Almodóvar rejuvenecido, con ganas de dirigir y de reírse de sí mismo.

Una de las fallas de la película puede ser la interpretación de Leonardo Sbaraglia, que parece más contenida respecto a la de sus compañeros. Estando acostumbrados a un Leonardo grandioso, como en Dolor y gloria, en esta película no se luce como debería.

En cambio, están bestiales Bárbara Lennie y, sobre todo, Aitana Sánchez-Gijón. Mónica, el personaje interpretado por Aitana, era arriesgado, pues, a pesar de no gozar de gran protagonismo, es crucial para que la película funcione. Aitana consigue con creces que llegue al espectador, convirtiéndose en uno de los puntos más destacados de la cinta.

También es una gran sorpresa Patrick Criado, cuyo personaje es Beau, el novio de Elsa, un bombero y stripper que sirve como sostén del personaje de Bárbara, tanto a nivel narrativo como actoral.

Hay varias escenas que pasan directamente al Olimpo del cine de Almodóvar. El striptease de Beau (Patrick Criado) es totalmente marca Almodóvar, siendo satírico y sexy, o el paseo por Lanzarote que dan Elsa y Natalia (Milena Smit), que combina la belleza del paisaje con el peso dramático de la trama. Personalmente me quedo con la discusión final entre Mónica y Raúl, que, más que una conversación, parece una retrospectiva del cine de Pedro y de su figura como creador. Insuperable.

Además, hay un segmento de la película que sirve como bello homenaje a Chavela Vargas. Almodóvar tuvo la suerte de mantener una relación muy cercana con Chavela en sus últimas décadas de vida y fue fan absoluto. Hay varios momentos donde Chavela acompaña a las protagonistas. Es esencial y muestra de que la música siempre llegará a donde el diálogo no logra alcanzar. También es muy destacada la actuación de Amaia cantando “Las simples cosas”, a sus pies.

En conclusión, Amarga Navidad deja constancia del estupendo estado de Pedro Almodóvar como director. Tras unas cuantas películas más crepusculares, aquí vemos a un Almodóvar rejuvenecido, con ganas de dirigir y de reírse de sí mismo.