El agente secreto: la memoria como territorio de espionaje

Imagen promocional de El agente secreto
Imagen promocional de El agente secreto

Con esta película, el director brasileño vuelve a situarse en el circuito internacional de festivales. En los últimos años su nombre ha ido apareciendo cada vez más en ese contexto. Parte de ese reconocimiento llegó con trabajos anteriores como Aquarius o Bacurau. En esas películas ya trataba cuestiones sociales y políticas relacionadas con Brasil. En El agente secreto vuelve a moverse en un terreno parecido, aunque en esta ocasión lo hace utilizando la estructura de un thriller.

La historia gira alrededor de un hombre que durante años trabajó en operaciones secretas vinculadas a momentos de inestabilidad política. El personaje está interpretado por Wagner Moura, un actor bastante conocido dentro del cine brasileño y también en producciones internacionales. En la película interpreta a un agente que ahora vive oculto bajo una identidad falsa. Su vida parece tranquila; tiene una rutina más o menos normal. Sin embargo, esa sensación de normalidad empieza a romperse cuando algunos hechos del presente lo obligan a recordar episodios de su pasado. A partir de ese punto la historia empieza a moverse entre el presente del personaje y lo que hizo años atrás.

La película no plantea la intriga a través de grandes escenas de acción. El desarrollo es bastante más calmado. Las situaciones se van construyendo poco a poco. En muchos momentos la tensión aparece en pequeños detalles: una conversación, una mirada o una información que aparece de forma inesperada. Esa forma de narrar hace que el espectador tenga que ir siguiendo la historia con atención, porque muchas cosas no se explican de forma directa.

El peso de la historia está más presente en la atmósfera que en los acontecimientos espectaculares

En el aspecto visual, se nota que el director presta bastante atención a los espacios. La cámara se detiene en oficinas, viviendas o calles donde se desarrolla la historia. Son lugares bastante sobrios y, en algunos casos, incluso algo fríos. Esa elección ayuda a reforzar la sensación de vigilancia que rodea al protagonista. A lo largo de la película aparece la idea de que alguien puede estar observando en cualquier momento. No hay un montaje muy rápido ni escenas con demasiados cortes. Al contrario, muchos planos duran varios segundos y permiten observar mejor lo que ocurre dentro de la escena.

Uno de los elementos que más sostiene la película es la interpretación de Wagner Moura. Su personaje es bastante reservado, no habla demasiado y muchas veces transmite lo que piensa a través de gestos o miradas. Durante buena parte de la película aparece como alguien que está siempre atento a lo que ocurre a su alrededor. Esa actitud tiene sentido dentro de la historia, ya que el personaje vive intentando no llamar la atención. El reparto secundario aparece ligado a la historia del protagonista o a las relaciones que mantiene en el presente. Son personajes que van aportando información sobre lo que ocurrió en el pasado.

La película también recuerda en algunos momentos a ciertas historias clásicas de espionaje. Por ejemplo, puede relacionarse con las novelas de John le Carré. En ese tipo de relatos el espionaje se presentaba como un mundo lleno de secretos y de decisiones complicadas. Los personajes no eran héroes claros, sino figuras bastante más ambiguas. En El agente secreto aparece algo parecido. El protagonista es alguien marcado por lo que hizo en el pasado y por las consecuencias de esas decisiones.

Al mismo tiempo, la película se aleja de otros modelos de cine de espionaje más centrados en la espectacularidad. No hay grandes efectos ni secuencias de acción muy llamativas. El peso de la historia está más presente en la atmósfera que en los acontecimientos espectaculares. En ese sentido se acerca más a algunos thrillers políticos europeos de otras décadas, donde la tensión se construía de forma más lenta y a través del ambiente.

Esa sensación de normalidad empieza a romperse cuando algunos hechos del presente lo obligan a recordar episodios de su pasado.

También se pueden encontrar algunas referencias a la memoria política de Brasil. El pasado del protagonista está relacionado con operaciones secretas y con un contexto político complicado. Aunque la película no explica todo de forma explícita, deja ver que ese periodo estuvo marcado por decisiones que todavía tienen consecuencias. El espionaje aparece así como parte de un sistema basado en el control y en la información oculta.

En conjunto, El agente secreto utiliza el formato del thriller para contar una historia centrada en el pasado de su protagonista y en las consecuencias de ese pasado en el presente. La narración avanza de forma tranquila y se apoya bastante en el ambiente que rodea a los personajes. A lo largo de la película se mantiene una sensación constante de sospecha y de tensión. Sin recurrir a grandes escenas de acción, la historia consigue mantener el interés a partir de los silencios, de la información que se revela poco a poco y de la idea de que algunas decisiones nunca terminan de desaparecer del todo.