El evento se ha consolidado como un punto de encuentro clave para debatir sobre los secretos de la ficción, el guion, la interpretación y los procesos creativos y técnicos del sector

Carla Acosta y Paul Torregrosa
La Universidad Miguel Hernández (UMH) ha acogido una nueva edición de las jornadas del Festival de Cine Universitario Zoom In, impulsadas por la Cátedra de Análisis y Prospectiva del Audiovisual (CAPA-UMH) y con la colaboración del Departamento de Ciencias Sociales y Humanas, la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Elche y el Vicerrectorado de Cultura, Igualdad y Diversidad.
La presencia de Anabel Alonso ha marcado uno de los momentos más esperados del evento. Además de proyectarse su célebre cortometraje Esposados, el público ha asistido a un completo vídeo homenaje que recorrió su carrera: desde El robobo de la jojoya hasta su actual montaje teatral La mujer rota, pasando por personajes inolvidables como Pruden en Los ladrones van a la oficina o Diana en 7 vidas. Durante su encuentro, moderado por la directora del Zoom In, María Samper, la actriz ha hablado de la determinación e irreflexibilidad que la definen y que la han impulsado a luchar por sus sueños. Al reflexionar sobre su presente y los proyectos que acepta, ha explicado que estos deben cumplir, al menos, una de estas tres vías: la profesional, orientada a aprender y crecer como artista; la emocional, que implica conectar y creer firmemente en el proyecto; y la económica.

A lo largo del coloquio , la conversación con la actriz también derivó hacia los grandes debates que sacuden hoy en día a la industria, abordando temas cruciales como el impacto de las nuevas tecnologías en el proceso creativo. Preguntada por el vertiginoso avance de la Inteligencia Artificial y sus implicaciones éticas y laborales en el arte, Anabel Alonso se ha mostrado prudente pero directa al reflexionar sobre un fenómeno que sobrevuela todos los sectores culturales: “Ahora creo que nos está explotando un poco en la cara. […] Estamos aprendiendo sobre la marcha y ella aprende más rápido que nosotros, parece ser”, advirtió con su habitual claridad. Pese a la incertidumbre del momento, la intérprete confía en que a corto plazo se logren establecer marcos de regulación eficaces o que el sector sea capaz de trazar una línea clara que separe de manera evidente la creación algorítmica del genuino talento humano.
Siempre hay grandísimos papeles de mujeres maduras en el teatro
Anabel Alonso
Al responder, a una asistente al evento, sobre con qué director histórico le habría gustado trabajar, ha confesado que le habría encantado hacerlo con Luis García Berlanga, a quien ha definido como un director con un talento descomunal que desarrolló, en el cine, el neorrealismo español con unos peliculones maravillosos”. Ante la pregunta de cuál era su personaje favorito, ha admitido, en tono jocoso, que elegir uno es “como a una madre preguntarle cuál de sus hijos es su preferido”, aunque ha reconocido un cariño especial por La Pruden por su papel de catapulta profesional y el gran equipo y elenco con el que contó.

En cuanto a la representación de las mujeres maduras en la pantalla, ha apuntado que el sector evoluciona gracias a una mayor presencia femenina en todos los estratos del audiovisual —guion, dirección, cámara, dirección de fotografía…—, lo que rompe el estereotipo de que la mujer sea únicamente la madre, hija o esposa del protagonista, abriendo el abanico para que actrices de más de 40 tengan vigencia. La actriz ha recordado, asimismo, que “en teatro siempre ha habido y habrá papeles estupendos para mujeres maduras; léase La Celestina, léase el papel que estoy haciendo yo ahora de Murielle en La mujer rota, Bernada [de La casa de Bernarda Alba]… Siempre hay grandísimos papeles de mujeres maduras en el teatro”. Para cerrar su intervención, se ha debatido sobre los límites del humor, a lo que Alonso abogó por el humor irreverente: “Yo creo que el humor tiene que ser transgresor y tiene que ser provocador”, pero marcando la línea roja de no atacar a personas o colectivos vulnerables.
El guionista Javier Holgado ha tomado el relevo en un coloquio moderado por Carla Acosta, desgranando cómo se construye la escaleta de un caso para atrapar al espectador. Autodefinido como un autor de “mapa en lugar de brújula”, ha explicado que necesita trazar con precisión el punto de partida y la resolución antes de escribir cada capítulo. Holgado repasó los arquetipos clásicos, como la habitación cerrada o el círculo aislado de sospechosos, confesando su debilidad por este último debido a la fascinación que le generan obras al estilo de Diez negritos. Además, ha analizado cómo ha cambiado la televisión actual frente a los patrones tradicionales y ha destacado que el consumo de las plataformas ha modificado las reglas y que hoy en día “el tercer capítulo es incluso más importante que el propio piloto”, ya que marca el momento crítico en el que la audiencia decide si continúa o abandona la ficción.

Por otro lado, ha recordado que figuras como Laura Lebrel (Los Misterios de Laura) o Amanda (Perdiendo el juicio) conectan con el público precisamente por sus excentricidades cotidianas, generando que los espectadores se sigan identificando con ellas en sus propias oficinas, y ha admitido que, aunque la capacidad de decisión sobre los actores y actrices ha menguado frente a las cadenas, se permiten licencias tan acertadas como incorporar a María Pujalte en el papel de “jueza cascarrabias” en Perdiendo el juicio.
Javier Holgado se ha definido como un autor de "mapa en lugar de brújula"
Por su parte, Lluís Mosquera, guionista de Élite, ha ofrecido uno de los testimonios más frescos y desinhibidos de las jornadas al relatar su poco convencional entrada en la industria audiovisual. Bajo la premisa de “tener mucho morro”, ha defendido sin complejos que “la mierda es maravillosa”, utilizando esta rotunda expresión para reivindicar el valor de los proyectos fallidos y los tropiezos como el mejor motor de aprendizaje posible para cualquier creador que empieza su andadura.

Durante su intervención, el guionista ha echado la vista atrás para recordar sus inicios desde la precariedad laboral, trabajando como taquillero de un teatro madrileño antes de dar el salto definitivo. Esa etapa dio pie a la gestación de su obra teatral Capullos que vuelan, un proyecto levantado con esfuerzo y que se ensayaba casi en la clandestinidad, por las noches cuando la sala permanecía cerrada al público. El éxito underground de la función fue tal que llegaron a representarla de manera simultánea en el mismo teatro y sesión que el fenómeno La llamada, hasta el punto de que, como recordó divertido, “la música de ‘Todas las flores’ se colaba en la función”, un telón de fondo musical tan peculiar como premonitorio antes de que repararan en su talento para abrirle las puertas de la popular serie Élite.
Bajo la premisa de "tener mucho morro", Lluís Mosquera ha reivindicado los proyectos fallidos como motor de aprendizaje.
Durante ambas jornadas, las instalaciones universitarias han registrado una gran afluencia de público que ha llenado las salas, reflejando el enorme interés que despierta el sector audiovisual entre el estudiantado y los aficionados al cine. El ambiente ha estado marcado por una alta expectación y una notable participación activa de los y las asistentes, quienes intervinieron de forma constante en los coloquios y debates propuestos, convirtiendo el evento en un dinámico foro de intercambio de ideas sobre los entresijos de la gran y la pequeña pantalla.

El escritor y profesor Joaquín Juan ha centrado su intervención en el formato de caso de la habitación cerrada, explicando cómo este espacio de intriga, sospecha y crimen actúa como un potente motor creativo dotado de una estricta promesa lógica. En su exposición, contrastó este concepto con el del hortus conclusus o jardín cerrado, entendido como un santuario de seguridad y epifanía, planteando ambas tipologías como las dos caras de una misma moneda en recintos herméticos donde las reglas habituales quedan suspendidas.

Las jornadas también abrieron hueco a los oficios técnicos de la mano de la fotógrafa Belén Hernández, quien ha impartido un práctico taller estructurado como un manual de supervivencia para la foto fija con referentes del sector como Teresa Isasi, Gemma La Mana o Andrew Cooper. Además, Hernández compartió su propia experiencia en el cortometraje universitario Oh, my ghost! para desvelar los entresijos reales de la profesión tras las cámaras.

El cierre del evento ha tenido lugar en el Salón de Grados del Edificio Arenals con la proyección de los cortometrajes presentados a certamen, moderada por la directora de CAPA, Montserrat Jurado. El broche final lo ha puesto la entrega de certificados y premios para los cortometrajes ganadores —presidida por Montserrat Jurado y María Asunción Amorós, vicerrectora de cultura— poniendo el colofón a dos jornadas de inmersión en el análisis riguroso y la pasión por el mundo audiovisual.



