Desengáñate, el fast fashion no te hará más libre

Luisa Juan
Los llamados hauls invaden nuestras redes sociales día a día. Este término en inglés, cuya traducción original es “transportar”, ha adquirido un nuevo significado. Ahora, un haul es aquel vídeo en el que los usuarios enseñan sus últimas adquisiciones y la protagonista suele ser la ropa. Estos vídeos son la clara muestra de que cada vez estamos más inmersos en una espiral que nos lleva al consumo inmediato e impulsivo. ¿En qué momento comprar ropa nueva todas las semanas se ha vuelto algo normal?
Si la fiebre consumidora tiene un culpable ese es, sin duda alguna, el fast fashion: ropa bonita y barata, porque la ‘B’ de buena no se encuentra presente en la ecuación. La cantidad de prendas que vemos en las tiendas cada vez es más abundante, pero la calidad más escasa. ¿Quién no se ha comprado un jersey de Zara aun sabiendo que a la semana le iban a salir pelotillas? Como compradores alienados, caemos una y otra vez en las trampas de la moda rápida y preferimos cantidad antes que calidad.
Escapar de esta tendencia consumista no es fácil, pero seguir en ella no nos hará más que daño a nosotros y al medioambiente, ya que la ola de dopamina que recibimos después de realizar una compra viene acompañada por otro sentimiento: la culpa. Toda esa ropa olvidada y sin utilizar que has acumulado solía ser dinero. Sin embargo, la culpa no debería residir de forma exclusiva en el dinero perdido, ya que la que más sufre con esas compras inútiles es la Tierra. No olvidemos que la industria textil se encuentra en el ranking de las más contaminantes del mundo por todos los recursos que requiere y por todos los desechos que genera.
En un mundo que va muy deprisa, la industria de la moda es una de las que más corre, por eso deberíamos empezar a frenar.
Además, somos muchos los que encontramos un hobby en la moda, una forma de expresarnos a través de lo que llevamos, y los que anhelamos encontrar un estilo que nos identifique, pero, si hay algo seguro, es que más cantidad de ropa no te hace tener más estilo, sino al revés. Dicho así, si contamos con un armario compuesto por pocas prendas, pero que realmente nos identifiquen, nos sentiremos mucho más libres a la hora de vestirnos. La escasez impulsa la creatividad, nos empuja a probar nuevas combinaciones que muchas veces acaban sorprendiéndonos.
Es por ello por lo que debemos incorporar un consumo responsable a nuestras vidas. Lo ideal sería comprar mucho menos y de mejor calidad, asegurándonos así de que las prendas que adquiramos van a acompañarnos durante un largo tiempo. Así pues, si compramos ropa de calidad y, por tanto, más cara, nos veremos obligados a meditar la compra antes de realizarla, lo que, aunque no lo parezca, supone un gran beneficio, ya que de esta forma evitaremos compras impulsivas.
Otra alternativa al fast fashion sería utilizar todo aquello que ya hemos comprado. Es un hecho que no hay nada más sostenible que lo que ya ha sido producido. Aunque la idea de no volver a comprar ropa se haya convertido en utópica, podemos intentar incorporarla a nuestras vidas. Antes de lanzarte a la primera tienda que encuentres, échale un vistazo a esas cajas de ropa que tienes debajo de la cama o incluso fíjate en el armario de tus familiares más cercanos y seguro que encuentras algo a lo que sacarle provecho. En mi caso, las mejores chaquetas que tengo son esas que cojo del armario de mi madre y el hecho de compartirlas con ella les aporta un significado especial.
Muchas de nuestras compras en fast fashion están llenas de prendas vacías que hoy están de moda pero que mañana ya pertenecen a una tendencia pasada, y aun así las compramos porque son tan baratas que dejar de usarlas no nos va a doler, aunque solo las hayamos usado una vez. Así es como funciona la moda rápida y el consumismo en el que estamos inmersos: comprar y tirar. La mayoría de nosotros estamos dentro de este juego: aquella ropa más accesible es la que viene de mano de estas industrias fast fashion y, para nuestra sociedad, que está acostumbrada a la inmediatez, es mejor tener un jersey malo hoy que uno bueno dentro de unas semanas. Pero aún estamos a tiempo de cambiar algo.
Busquémonos a nosotros mismos a través de la moda, pero no en las tiendas, sino en todas aquellas prendas que ya tenemos y que, de alguna forma, hablan de nosotros.
En un mundo que va muy deprisa, la industria de la moda es una de las que más corre, por eso deberíamos empezar a frenar. Es imposible seguir todas las tendencias y seguir el ritmo de esas influencers que compran ropa cada dos días. Es necesario que salgamos de esta rueda porque, mientras estemos en ella, seguiremos malgastando dinero y, lo que es más, perderemos nuestra identidad. ¿Cuántas veces en tu casa, al ver lo que has comprado, te has dado cuenta de que, en realidad, la prenda no tiene nada que ver contigo? A mí me ha pasado más veces de las que me gustaría admitir y a ti seguro que también. Esto se debe a que la moda rápida no solo está acabando con el medioambiente, sino también con nuestra creatividad y nuestra capacidad de pensar críticamente sobre aquellas prendas que nos gustan.
Por ello, hay que analizar nuestros gustos y preferencias en cuanto a la moda, ya que esto beneficiará a nuestro consumo responsable. Como consumidores tenemos que ser conscientes del daño que la industria está haciendo actualmente y no evadir el problema. Es obvio que el daño hecho es irreversible, pero precisamente por eso debemos intentar cambiar nuestro consumo a partir de ahora, ya que aún hay tiempo. Todavía podemos escapar de la alienación a la que el fast fashion nos somete y darnos cuenta del daño que crea esta industria. Deberíamos empezar a tomar conciencia de que ir de compras todas las semanas no es normal y que comprar ropa de mala calidad con el objetivo de desecharla a la semana es algo sumamente estúpido, impulsivo y contaminante.
Como consumidores de moda, tratemos de no imitar todo el consumo que vemos en redes. Busquémonos a nosotros mismos a través de la moda, pero no en las tiendas, sino en todas aquellas prendas que ya tenemos y que, de alguna forma, hablan de nosotros. Nos han vendido la idea de que, cuantas más prendas acumulamos, más estilo tendremos, pero lo cierto es que, si lo examináis, dentro de nuestro armario siempre recurrimos a las mismas prendas. Aquellas que, aunque no sepamos discernir el porqué, hablan de nosotros y nos hacen sentir mejor, y es ahí donde encontraremos nuestro estilo.
Por esta razón, cuando realmente queramos incorporar una nueva prenda a nuestro armario, debemos asegurarnos de que nos hace sentir especiales y de que su calidad hará que la prenda nos acompañe un largo tiempo. Además, lo idóneo sería adquirir esa prenda de una forma sostenible, como tiendas de segunda mano (físicas u online), a través de marcas con iniciativas sostenibles o incluso heredándola de algún ser querido.
La moda es un regalo para todos los que disfrutamos de ella, una motivación para nuestros días y una forma de enfrentarnos a quienes somos. Por ello, es nuestro deber no convertirla en algo rápido y absurdo que se hace sin pensar.



