Sobre córneas y dispositivos móviles

Un hombre mira el móvil en la cama

Tras haber superado este primer obstáculo, dirijo mi visión restablecida hacia el
objeto rectangular que reposa sobre mi mesita de noche. La matriz de píxeles
vuelve a iluminarse, y se abre una ventana hacia el mundo exterior. Comienzo a
navegar y rápidamente reconozco las aguas en las que me adentro. Siento una
extraña familiaridad, y me pregunto por qué esa ventana que abro cada mañana
muestra siempre imágenes tan similares. No me malinterpreten, encuentro
bastante reconfortante transitar por aguas conocidas, y personalmente siempre he
tenido bastante respeto hacia las profundidades desconocidas del mar.

Poco a poco, este paso que sigue a la colocación de mis gafas se ha convertido en
un acto casi igual de automático. Nada más despertar, observo las redes sociales y
sospecho de sus algoritmos, que siempre me ofrecen píxeles similares a todo
aquello en lo que previamente he hecho clic. Parece como si esa dichosa matriz
insistiera en reforzar mi pensamiento ¿Y a quién no le va a gustar, verdad?
Personalmente, siempre he encontrado placentero que me den la razón (para más
referencias a este respecto, pueden consultar a mi pareja y familiares).

El futuro no puede ser construido desde la opinión polarizada que provocan
nuestros dispositivos móviles.

En cualquier caso, empiezo a sospechar y a temer a este dichoso aparato y su
diabólico algoritmo, pues refuerzan aquello que pienso y muestran información
contraria a lo que no pienso. De esta manera, compromete la maleabilidad de mi
pensamiento, y como consecuencia, de mi ser.

Por mucho que me guste, encuentro harto difícil tener siempre la razón, aunque mi
móvil, siempre complaciente, muestre lo contrario. No siempre somos libres para
elegir, pues nuestra percepción siempre parece estar condicionada. En mi caso, no
puedo renunciar a las gafas si quiero acceder sensorialmente al mundo que me
rodea, pero sí que puedo cambiar la manera en que percibo intelectualmente a
través de este instrumento que todos portamos en nuestros bolsillos. No puedo
cambiar la curvatura de mis córneas, pero sí puedo luchar para combatir la rigidez
de mi cabeza, y todos ustedes también pueden.

El futuro no puede ser construido desde la opinión polarizada que provocan
nuestros dispositivos móviles. Demos una patada al algoritmo, transitemos nuevas
aguas, y abramos ventanas hacia la pluralidad de pensamientos.