Una historia sin héroes ni villanos

Cartel de Los Rose

Cualquiera que se fije en el matrimonio de Ivy (Olivia Colman) y Theo (Benedict Cumberbatch) tendría una envidia irrebatible: unos hijos maravillosos, unos trabajos de éxito y una vida perfecta. Por supuesto, lo que muestran es tan solo de cara a la galería, pues pronto el trabajo de Theo se ve afectado mientras que la notoriedad de Ivy se dispara por las nubes. Detrás de esa familia perfecta ahora hay un nudo de competitividad, odio y animadversión digno de un superhéroe y su villano.

El reparto de Los Rose es incontestable: Cumberbatch y Colman tienen la presencia y el talento. Sin embargo, puede llegar a sorprender que no logren convencer al espectador cuando aparecen juntos en pantalla. Sus actuaciones son técnicamente impecables, casi tanto como ellos, pero transmiten más oficio que vulnerabilidad. Puedes apreciar su trabajo y no culpar el hundimiento de la película a ambos protagonistas, ya que no terminan de ser creíbles. El resto del elenco, también formado por intérpretes conocidos y cumplidores, tampoco termina de equilibrar la carencia. Funcionan como complemento, pero en ningún caso como motor dramático, y casi acaban por terminar de diluir la fuerza de la trama principal en lugar de reforzarla.

La dirección de Jay Roach, en general, resulta bastante limpia. Hay un control más que evidente sobre la puesta en escena, con decisiones estéticas que, aunque puedan caer en la simplicidad, son más que acertadas. Esa limpieza visual de Roach coexiste con la sensación de que toda la historia que cuenta está al borde del descontrol. Juega en exceso con la tensión entre lo ordenado y lo caótico y algunas escenas de la película traspasan ese fino hilo. No llega a extralimitarse en ningún momento, pero ese vaivén narrativo resta solidez a la trama.

Siguiendo la línea dramática, se puede apreciar que la película arranca con una premisa de que promete algo grande. Denota energía, urgencia narrativa. Esto deja de ocurrir de una forma exageradamente perceptible a mitad del filme. Esa lentitud comienza a pesar en el momento en el que toda la tensión construida con delicadeza acaba siendo tediosa y árida. Finalmente, en los últimos treinta minutos existe constantemente la sensación de que todo ese despliegue final no está totalmente justificado con el guion y el planteamiento que hay entre manos. Hay algo de artificio en lo que se muestra, aunque el cierre no logra atar todos los cabos ni generar una satisfacción.

Sus actuaciones son técnicamente impecables, casi tanto como ellos, pero transmiten más oficio que vulnerabilidad. 

La premisa es digna de admirar, ya que plantea tensiones reales, personajes con motivaciones reales y dilemas morales reales. Eso, sin duda, ayuda a la película a que no se desmorone por completo desde el primer minuto de filme. El guion de Tony McNamara, quien ya había trabajado con Olivia Colman en La Favorita (2018), funciona: sus diálogos construyen lo necesario y la mezcla entre la seriedad, lo cotidiano y el humor negro le da el sabor que necesita. La base dramática de Ivy y Theo es uno de los mayores aciertos de la película, ya que esta no busca que el espectador se identifique incondicionalmente con ninguno de ellos. Siempre es de agradecer cuando la narrativa permite tomar distancia, crear ambigüedad y alejar el relato de la simplicidad y el maniqueísmo.

Los Rose es una película con mucho potencial: una premisa atractiva, un reparto protagonista envidiable, un guion muy creíble y un aspecto visual más que correcto. No obstante, no llega a explotar los recursos que posee. El ritmo desigual, la dificultad del reparto principal para llegar al espectador, la presencia de personajes secundarios poco integrados y un final que, aunque ambicioso, no termina de atar todas las piezas y que acaba dejando una obra carente de sensibilidad y credibilidad.