Alicante, tierra de festivales

Escenario festival Reggaeton Beach Festival (RBF) en Benidorm 2023 / Lucía Mancho Cordón

En Alicante, un festival empieza antes de cruzar la puerta del recinto. Comienza en el calor abrasador, en la crema solar recién puesta mezclada con el salitre y la arena, en las largas colas de acceso con el abanico por bandera, en la bebida derramada sobre el suelo y en esa primera canción que se escapa desde un escenario al que todavía no has llegado. Durante primavera y verano, la escena se repite, los recintos renacen, los artistas regresan a los carteles y miles de personas se mueven siguiendo la misma ruta, como si el territorio entrara en bucle cada temporada y repitiera una coreografía de abanicos, pulseras, barras y altavoces.

En ese contexto, el Multiespacio de Rabasa vuelve a coronarse como uno de los grandes puntos del mapa festivalero alicantino. Allí, de la mano del Rocanrola, se levantan cinco escenarios, zonas de restauración, carpas y miles de personas bailando y cantando que convierten un festival en algo más que varios conciertos consecutivos.

Los festivales de música se han convertido en un formato fundamental dentro de la música en directo. La base de datos elaborada para el trabajo recoge 205 festivales celebrados en la provincia de Alicante entre 2015 y 2025, con algunos datos ya incorporados hasta abril de 2026.

El auge de un circuito cada vez más estable

La evolución por años refleja una tendencia irregular. Si se comparan los años prepandemia, el paréntesis de la pandemia y la etapa pospandemia, se aprecia con claridad un cambio de ritmo. Hay un descenso claro en 2020 marcado por la COVID-19 y un fuerte repunte a partir de 2023, donde existe una consolidación y crecimiento de los festivales.

Evolución anual del número de festivales en la provincia de Alicante (2015-2025) / María Jerez

Más que una evolución lineal, el registro muestra recintos que predominan, un calendario que es claramente estacional y nombres en carteles que se repiten con frecuencia. Todo ello indica que existe una estructura más estable y una presencia como formato dominante dentro de la música en directo.

Esto coincide con el punto de vista de algunas de las fuentes entrevistadas. El periodista musical y cultural Carlos Pérez de Ziriza explica que ahora mismo son un motor económico no solo para los grupos que participan, sino también para los medios de comunicación, que dependen en parte de los grandes festivales a la hora de incorporar publicidad en sus páginas. Es decir, la música en directo no solo genera en sí una actividad cultural, sino que también genera impacto económico y visibilidad publicitaria.

Aitor García, periodista musical en Los40 Urban, señala otro factor importante que es el aumento de festivales que ha reforzado la competencia por los artistas. “Los artistas son los que son y de alguna forma se tienen que repartir también, lo que hace que suban los cachés”, explica el periodista. El crecimiento no solo se traduce en una mayor oferta cultural, sino también en una mayor presión sobre el sector musical. Cuantos más festivales, más demanda de artistas, más tensión y como consecuencia, más costes.

El periodista Aitor García añade otra clave para entender el auge reciente: “Ir a festivales o ir a conciertos está de moda”. El crecimiento, en ese sentido, no depende solo de la oferta, sino también de una forma de consumo cultural cada vez más asentada en la actualidad.

Collage actuación de Hard GZ en el festival Rocanrola el sábado 2 de mayo de 2026 / Teresa Moya Lorente

Este aumento también puede plantear una duda: si realmente el crecimiento del número de festivales lleva consigo una consolidación real del modelo o si existen casos en los que se pueda ver una saturación.

“Ahora mismo los festivales son un ecosistema”

Carlos Pérez de Ziriza, periodista musical y cultural

Algunos festivales y recintos aparecen repetidamente en distintos años, pero la repetición de ciertos patrones también sugiere que el circuito funciona cada vez menos como una suma de citas aisladas y más como una estructura reconocible.

Carlos Pérez de Ziriza define los festivales como “un ecosistema” con “un papel esencial” dentro de la industria musical, mientras que Jorge Villar describe Rocanrola como un proyecto asentado en una identidad propia, una comunidad de público fiel y un recinto que hace viable su formato. Incluso desde la producción, Víctor Alonso apunta a esa estabilidad cuando explica que la organización sigue apoyándose en una lógica muy reconocible de hoja de ruta, coordinación y previsión técnica.

Las fuentes apuntan a una estructura reconocible y cada vez más asentada, aunque no exenta de repeticiones y síntomas de saturación.

Las localidades que concentran el mapa

La base de datos también muestra una distribución territorial bastante clara. Unas pocas localidades concretas son los lugares principales, mientras que otras tienen una presencia mucho más puntual. Alicante capital ocupa el primer lugar con 47 festivales registrados, muy por delante del resto de municipios. Tras ella, aparece Benidorm, con 29. Detrás aparecen otras localidades con cierto peso como Villena, con un total de 11.

Número de festivales por localidad en la provincia de Alicante / María Jerez

Este reparto de ciudades permite detectar una concentración de la actividad de festivales en el eje Alicante-Benidorm. La población influye, pero no basta por sí sola para explicar el mapa. Alicante es el municipio más poblado de la provincia con 366.221 habitantes (INE, 2025), pero el caso de Benidorm apunta a otra lógica, con 77.327 habitantes (INE, 2025), concentra 29 festivales, una cifra muy alta en relación con su tamaño demográfico. Es por ello por lo que entran en juego la combinación de otros factores como el fácil acceso, la conectividad entre localidades, la capacidad de atracción, la infraestructura o la capacidad de cada municipio para acoger público. En este sentido, Alicante capital refuerza la idea de que la provincia tiene gran atracción.

Carlos Pérez de Ziriza profundiza en estos factores: “Lo que realmente importa es que la ciudad donde se celebra esté ubicada en un enclave estratégico” y que esté “bien comunicada a medio camino de diversas poblaciones desde las que puede ir mucha gente”. En el caso de Alicante, justifica que no solo acude público de la misma ciudad, sino también de ciudades cercanas como Murcia, Albacete, Valencia e incluso gente de Madrid “se puede plantar rápidamente allí”. La cercanía y buena comunicación entre provincias es una de las claves para explicar el papel tan importante que tienen dentro del circuito de festivales.

Ciudades costeras como Alicante o Benidorm se benefician de la marca turística que tienen, de su capacidad hotelera y también con su conexión con el ocio en verano. En cambio, hay otras localidades del interior que también pueden adquirir relevancia aun teniendo menor volumen general.

Los recintos que sostienen los festivales

El mapa de recintos también ayuda a explicar cómo se organiza y concentra el circuito festivalero en Alicante. La base de datos muestra que no todos tienen el mismo peso, algunos funcionan como escenarios puntuales de un solo festival o de ediciones aisladas, mientras que otros se convierten en sedes habituales y concentran una parte importante de la actividad.

Entre ellos destaca de forma muy clara el Multiespacio de Rabasa en Alicante. Con un total de 29 registros, aparece como el recinto que más festivales concentra con mucha diferencia respecto al resto. Tras él, también destacan espacios como la Ciudad Deportiva Guillermo Amor en Benidorm, con 17, o el Polideportivo Municipal en Villena, con un total de 11, además de recintos feriales y deportivos que sostienen parte de la actividad.

Recintos utilizados por los festivales en la provincia de Alicante / María Jerez

La provincia de Alicante cuenta con una gran diversidad de espacios como son auditorios, plazas, parques, instalaciones deportivas, recintos feriales o explanadas al aire libre, cada uno cuenta con sus propias condiciones. “No tiene nada que ver, empezando por el montaje y terminando por el sonido, la capacidad, la rentabilidad”, indica Víctor Alonso, gestor de proyectos musicales y stage manager. En términos de organización, algunos resultan más funcionales para albergar festivales de gran tamaño o repetidos en el tiempo.

En este contexto, algunos recintos están más preparados o se pueden adaptar más fácilmente a las necesidades de los festivales. Un espacio con buenos accesos, amplitud, margen para varios escenarios o zonas complementarias facilita la continuidad. Jorge Villar, portavoz del festival Rocanrola, explica esta lógica cuando habla del Multiespacio de Rabasa en Alicante: “Es un recinto cómodo, está muy cerca tanto de Alicante ciudad como del centro de Sant Vicent del Raspeig”. La proximidad entre los dos municipios es clave para celebrar el Rocanrola. Además, explica que “es un espacio suficientemente amplio como para meter todo lo que metemos”. En su caso, esa capacidad se traduce en elementos muy concretos: los cinco escenarios, toda la zona gastronómica con 20 food trucks y una carpa de gran tamaño en la que, según explica, caben hasta 20.000 personas. El recinto, por tanto, condiciona directamente las posibilidades del festival.

Aitor García introduce otro matiz que complementa la idea, el recinto influye pero no lo explica por sí solo: “Si se hace en un punto que es más céntrico de la ciudad, eso puede facilitar el acceso, pero al final, si el cartel es llamativo, la gente, hasta cierto punto, se va a mover”. El espacio importa, aunque también depende de la capacidad del propio festival.

“Los artistas son los que son y de alguna forma se tienen que repartir también, lo que hace que suban los cachés”

Aitor García, periodista en Los40 Urban

Desde la producción, el papel del recinto se vuelve fundamental. Víctor Alonso aporta su punto de vista muy útil para entender el bloque. Explica que no todos los espacios ofrecen las mismas condiciones y posibilidades y que la logística depende en gran medida de detalles que el público no siempre percibe. “Parece una tontería, pero la comodidad del personal que trabaja en la logística es una de las cosas más importantes”, señala. La idea va de la mano de factores como los accesos para camiones, zona de carga y descarga, la cercanía del escenario, la disponibilidad de espacio técnico, la seguridad o también el suministro eléctrico.

No es lo mismo un recinto que está preparado que un espacio adaptado. Un auditorio o una instalación con infraestructura previa puede reducir tiempos, costes, imprevistos; recintos sin estas características pueden obligar a resolver más problemas de montaje, circulación o de coordinación. El recinto no solo condiciona la celebración del festival, sino en cierto modo, también su identidad propia.

Verano como centro del calendario

El calendario ayuda a entender cuándo empiezan realmente los festivales en la provincia. La base de datos muestra un patrón muy claro: la actividad festivalera en la provincia de Alicante responde a un sentido fuertemente estacional.

Evolución mensual del número de festivales en la provincia de Alicante (2015-2025) / María Jerez

Los datos reflejan una concentración muy marcada en los meses de primavera y verano, con intensidad en julio y en agosto, que aparecen como el periodo con mayor número de festivales registrados. No hay un reparto uniforme a lo largo del año, sino que se agrupa en una franja temporal muy concreta, vinculada al buen tiempo, a las vacaciones y al calendario turístico.

“Llevo viendo los mismos grupos prácticamente durante 15 años. Existe más bien una no evolución”

Carlos Pérez de Ziriza

Dentro de esta concentración, algunos datos son remarcables. En julio de 2025, se alcanzó la cifra de 14 festivales registrados, mientras que el número más alto en agosto fue en el año 2023 con 13. Es una clara distinción ya que el resto de meses frecuentan entre uno y cinco festivales. Esto permite hablar no solo de una preferencia, sino también una acumulación en un tramo concreto del calendario.

Escenario Spring Festival 31 de mayo y 1 de junio de 2024 en el recinto Multiespacio Rabasa / Esther Geada Ródenas

Aunque a la hora de comparar por años, el número de festivales puede variar, el patrón de los meses se repite con bastante claridad: se sitúan en los meses más centrales del año vinculados al turismo y al ocio en verano. La estacionalidad es una de las características fundamentales del fenómeno de festivales en la provincia de Alicante.

Carlos Pérez de Ziriza lo resume de forma directa: “La gente tiene más tiempo, tiene vacaciones, el tiempo acompaña, no hay más”. En su opinión, el verano sigue siendo el momento más fácil, cuando hay vacaciones y cuando todo el mundo “tiene dinero ahorrado y lo destina a gastar”. Sin embargo, el periodista también hace una reflexión: “Quizá hay demasiados festivales concentrados en verano y podrían repartirse mejor a lo largo del año”. Pone sobre la mesa la opción de celebrar festivales también en meses como abril, mayo, octubre o noviembre, cuando en territorios como Alicante o Valencia todavía se mantienen buenas condiciones climáticas.

El crecimiento del número de festivales se traduce en una acumulación más intensa en los mismos meses. Los picos de julio de 2025, con 14 festivales registrados, y de agosto de 2023, con 13, refuerzan esa idea, sobre todo si se comparan con el resto del año, donde la mayoría de meses se sitúan entre uno y cinco eventos mientras que las cifras de julio y agosto bailan entre 10 y 14 festivales. Más que una desestacionalización, lo que muestran los datos es un refuerzo de la misma lógica estival.

Carteles reconocibles, nombres repetidos

Los carteles son una base fundamental en los festivales; permiten ver qué tipo de programación lo sostiene. El análisis de los artistas muestra patrones claros. Por un lado, predomina la presencia de artistas nacionales frente a los internacionales.

Número de artistas por país de nacimiento / María Jerez

Esa predominancia se ve también en festivales concretos. Jorge Villar lo expresa de forma directa al hablar de Rocanrola: “Nosotros funcionamos básicamente con artistas nacionales”, porque, en su opinión, el público del hip hop en castellano consume sobre todo nombres estatales con peso dentro del género. La ausencia de artistas internacionales no se interpreta como una debilidad. Villar sostiene que no creen que la gente “prefiera ver a un artista internacional americano que ver a Hijos de la Ruina o a Kase O”, lo que muestra hasta qué punto el cartel responde a un público muy definido y a una identidad musical concreta.

Aitor García introduce además un matiz importante sobre la construcción de los carteles: “No se pueden llenar todos los horarios con artistas que todo el mundo conozca; hay que llenar mucha programación”. La dimensión del festival obliga a combinar grandes nombres con propuestas menos visibles o más emergentes. Esa lógica también abre espacio para artistas que todavía no ocupan la parte más alta del cartel. Como resume García, “eso da una oportunidad a emergentes”, que pueden entrar en la programación aunque no tengan todavía un reconocimiento masivo.

Más allá de la densidad, la base de datos también muestra artistas recurrentes en distintos carteles. Entre los artistas que más se repiten aparecen Boikot, Varry Brava, Dorian o ELYELLA, lo que refuerza la idea de que hay un listado de artistas recurrentes que repiten, una dinámica repetida que no parece una coincidencia puntual.

Esta repetición puede deberse a distintas respuestas. Por un lado, puede corresponder a una lógica de mercado, si se cuenta con artistas reconocibles, ayuda a captar públicos. Por otro lado, también se puede interpretar como una escasa renovación en parte de los carteles. El periodista Carlos Pérez de Ziriza habla acerca de la repetición de artistas en festivales: “Llevo viendo los mismos grupos prácticamente durante 15 años. Existe más bien una no evolución”.

La lógica del cartel no depende únicamente de quién vende más entradas. Como señala Aitor García, “a veces el impacto no solamente es el número de tickets que se puedan vender, sino el impacto que se puede generar de cara al público general”. Eso ayuda a entender por qué algunos nombres ocupan posiciones muy visibles dentro del cartel aunque no movilicen al mismo tipo de público que otros artistas más de nicho.

También, el mapa de procedencia refuerza la idea. Las ciudades muestran una concentración de artistas en Madrid (308), Alicante (252), Barcelona (128) o Valencia (117). Esa concentración sitúa que hay algunos focos muy concretos. El gráfico de artistas nacionales e internacionales puede confirmar el peso claramente superior de la programación nacional.

Origen de los artistas nacionales programados en festivales de la provincia de Alicante / María Jerez

En este sentido, los carteles funcionan como un indicador de la configuración de los festivales, con gran peso en lo nacional, de determinadas ciudades de procedencia, y una presencia repetida de algunos nombres ya consolidados a lo largo de estos años. Si el territorio, los recintos y el calendario ya mostraban una dinámica bastante concentrada, los carteles terminan de reforzar la misma lógica.

Al final, lo que el público ve es el escenario y a los artistas que se suben a él. Pero cuando cae la noche sobre Alicante, Benidorm, Villena o cualquier pequeño municipio que albergue este tipo de eventos, lo que queda no es solo ese último concierto, sino todo lo que sostiene ese instante: los recintos, la logística y los carteles. Lo que está por ver es hasta dónde llegará ese crecimiento y cómo se reordenará en el futuro el mapa festivalero en la provincia de Alicante. De momento, como resume Aitor García, “lo que está claro es que la música en directo está pasando por un momento muy bueno”. En Alicante, ese momento ya es clave.

Metodología

Este reportaje se ha elaborado a partir de una investigación periodística apoyada en una base de datos de elaboración propia, construida con información recopilada en páginas oficiales de festivales, recintos, promotoras, medios especializados y redes sociales.

A partir de ese registro, se han analizado variables territoriales, temporales y artísticas relacionadas con los festivales de música celebrados en la provincia de Alicante entre 2015 y 2025, con algunos datos incorporados hasta abril de 2026.

El trabajo se ha completado con entrevistas a periodistas musicales, responsables de festivales y especialistas en producción y logística, con el fin de contextualizar e interpretar los datos obtenidos.