Bibliotecas de proximidad

Cubierta de El viaje de las bibliotecas (2025)

La suya es una voz segura, bien templada, que se ha ido plasmando en distintos volúmenes de poesía y prosa diarística. En 2007, en Intervalo, reunió toda su producción poética anterior, que abarcaba desde 1990 hasta 2007. De esa poesía reunida quedaba fuera su primer libro de poemas –Los nombres y el tiempo, 1989–, pero no el resto de su obra lírica: Libro del yermo (1993), Solar antiguo (1996), Visión del humo (1998), Metafísicas (2000), Polvareda (2003), La tierra alta (2006) y Tabla rasa (2007). Después vendrían volúmenes como Nombres del árbol (2010, Premio de la Crítica Literaria Valenciana), que salió en la colección “Nuevos textos sagrados” de la editorial Tusquets, El caudal (2014), en la colección Adonáis, o Cuaderno de Kurtná Hora (2015). Por cierto, rescato aquí los versos finales de una de las mejores piezas de ese volumen, “Sed cuidadosos con los libros viejos”, que concluye así: “Sed cuidadosos con los libros viejos: / alguien pudo esconder alguna carta, / una foto, o el pétalo de un día. / Casi nada, y debía ser guardado. / Algo con más valor que el propio libro”. Sus libros de poemas más recientes son Unos días de invierno (2016), Lo inesperado (2022), Al Dios sin nombre (2023) y Para una colección de conchas (2024), que reúne sus haikus.

En cierto modo, Antonio Moreno se ha convertido en protagonista indiscutible de la mayoría de sus versos, y eso es algo que tiene su continuación en sus libros de prosa, como Alrededores (1995), Partes de un todo (1999), Mundo menor (2004), En otra casa (2012), Estar no estando (2016) y los seis títulos publicados hasta la fecha en Newcastle Ediciones: No lejos (2016), El sueño de los vencejos (2019), Visita de año nuevo (2020), Cuatro relatos incompletos (2023), El viaje de las bibliotecas (2025) y En torno al sol (2025). Fuera de estas dos series quedan sus escritos de crítica literaria, reunidos en Los viajes de la luz (2004) y la antología El viaje a la luz (2014).

En Antonio Moreno no hay una separación tajante entre su poesía y su prosa, pues ambas forman parte de un mismo todo.

Ya lo dijo Agustín Pérez Leal en una magnífica reseña de Intervalo: “Un camino de sabiduría es, pues, la obra de Antonio Moreno: un espacio, también, en el que la razón busca los últimos motivos de las cosas, sus conexiones secretas, con el afán de ir poco a poco desvelando la trama, la textura de la que están hechos el pensamiento, el ser humano, el universo todo y cada uno de sus pormenores. Nadie negará la ambición del intento”.

Pero Pérez Leal no solo describió su obras, sino que ofreció un preciso retrato del hombre que hay tras todas estas páginas: “Es Antonio hombre de talante discreto, excelente conversador y amigo de paseos y paisajes. Son casi legendarios su gusto por el apartamiento y el poco aprecio que ha tenido siempre por escaparates y festejos. Su temperamento clásico, su moderación y su aticismo tienen fiel reflejo en sus versos, tan fieles siempre al tono íntimo y cordial, y tan ajenos a todo énfasis, todo alarde, todo desplante”.

Creo que en Antonio Moreno no hay una separación tajante entre su poesía y su prosa, pues ambas forman parte de un mismo todo, con la apariencia de notas de una diario. Y, ahora sí, llegamos a esta pequeña joya bibliográfica que es El viaje de las bibliotecas, donde se produce un encuentro entre los libros andariegos de Antonio y el lugar donde se encuentran los libros, una serie de bibliotecas de proximidad, todas ubicadas en la provincia de Alicante. De este libro ha dicho Trapiello en una breve reseña: “parece haberse escrito en una de esas pequeñas libretas de viaje en las que nadie se atrevería a mentir ni a impostar la voz. Es un prodigio de sencillez, finura y tono. Una pequeña obra maestra, si quieren decirlo así. Podría haberlo titulado viaje alrededor de mi pueblo. No necesita alejarse, porque va por dentro. De Orihuela a Sax pasando por Monforte del Cid, Aspe, Crevillente o Altea, todo lo mira sin acucia, ni envidioso ni envidiado”.

Todas esas bibliotecas, como los libros que albergan, son un resumen del mundo, una representación en pequeño del universo.

El libro, dedicado a Bárbara, que lo coprotagoniza junto al autor, lleva sendas citas de Morandi y Wölflin, y tiene una estructura perfectamente trabada: una introducción y doce lugares, con sus respectivas bibliotecas: Orihuela, Monforte del Cid, La Marina, Callosa de Segura, Aspe, Crevillente, Monóvar, Alcoy, Elche, Altea, Sax y Alicante.

Todas esas bibliotecas, como los libros que albergan, son un resumen del mundo, una representación en pequeño del universo, y poco importa que estemos ante bibliotecas históricas como la de Orihuela, o minúsculas como la de La Marina, pues todas ellas tienen su vida, sus personajes y sus libros, y todas ofrecen a sus usuarios una puerta abierta al resto del mundo. Dice Antonio, al hablar de la biblioteca de Murcia, que fue la primera que pisó, cuando tenía nueve años: “una biblioteca pública puede convertirse también en un territorio individual y aparte, aunque sea un recinto colectivo. Aquellas mesas eran lo más parecido a un espacio silencioso y privado para quien no poseía aún un cuarto propio” (pp. 13-14). Otra biblioteca convocada en los prolegómenos es la Biblioteca Gabriel Miró, un tesoro casi inaccesible en nuestros días que es una buena muestra de todo lo que se perdió cuando desapareció la Obra Social de la CAM.

He aquí los lugares, las fechas y las bibliotecas: Orihuela, 7 de febrero de 2024, Biblioteca Fernando de Loaces; Monforte del Cid, viernes 16 de febrero de 2024; La Marina, lunes 19 de febrero de 2024, Biblioteca Rafael Navarro; Callosa de Segura, miércoles 28 de febrero de 2024, Biblioteca Francisco Salinas; Aspe, jueves 14 de marzo de 2024; Crevillente, miércoles 10 de abril de 2024; Monóvar, miércoles 24 de abril de 2024; Alcoy, jueves, 2 de mayo de 2024; Elche, martes 7 de mayo de 2024; Altea, miércoles 15 de mayo de 2024; Sax, jueves 23 de mayo de 2024; y Alicante, viernes 7 de junio de 2024. Pasen y lean.