Hierba: dibujar el dolor para no olvidarlo

Cubierta de Hierba

Quince años tenía Lee Ok-Sun en 1934, en la ciudad surcoreana de Busan, cuando sus padres dejaron que un desconocido se llevara a su hija para así liberar una boca que alimentar y permitir que Ok-Sun pudiera tener la educación y la vida que ella tanto soñaba. Lo que la niña no sabía en ese momento era que se trataba de un camino sin retorno. Así comienza Hierba, una novela gráfica de la autora Keum Suk Gendry-Kim quien, en 2022, decidió dar voz al testimonio de una anciana Lee Ok-Sun, a quien entrevistó en la ‘Casa del compartir’ [así se les llama a las casas de reposo para las mujeres de Corea del Sur que fueron víctimas de la esclavitud sexual durante la ocupación japonesa].

Lo que la autora Keum Suk Gendry-Kim pone sobre la mesa con esta novela gráfica es un grito sufrido, una llamada de auxilio a algo pasado, pero algo que debe ser reivindicado, luchado y escuchado. Los dibujos, plásticos, crudos y sobrios, relatan con aspereza una realidad que vivieron las “mujeres de consuelo” [eufemismo utilizado por el Imperio japonés para referirse a sus esclavas sexuales]. En una sociedad donde parece haber rechazo por utilizar las palabras correctas en situaciones de abuso y violencia contra las mujeres, por si ofenden, Gendry-Kim escribe exactamente lo que ocurrió. Lee Ok-Sun es una mujer que fue arrebatada por los japoneses tras su ocupación en Corea del Sur, y durante esa época fue violada y maltratada en incontables ocasiones durante muchos años, desde que tenía dieciséis. Y eso es lo que aparece en la novela. Es necesario hablar claro sobre la violencia que sufren las mujeres. Por supuesto, respetando y omitiendo las imágenes más violentas, pero no hace falta mostrarlo para que el lector pueda verlo.

En una sociedad donde parece haber rechazo por utilizar las palabras correctas en situaciones de abuso y violencia contra las mujeres, por si ofenden, Gendry-Kim escribe exactamente lo que ocurrió.

El uso del blanco y negro en Hierba no es solo una decisión estética, sino ética: elimina cualquier distracción visual y obliga al lector a enfrentarse al testimonio sin artificios. Keum Suk Gendry-Kim emplea composiciones austeras, viñetas amplias y silencios prolongados que ralentizan la lectura y reproducen el peso del recuerdo y del trauma. Los vacíos, las páginas casi mudas y la repetición de ciertos encuadres refuerzan la sensación de estancamiento y de dolor persistente, demostrando cómo el lenguaje propio de la novela gráfica puede transmitir aquello que las palabras no alcanzan a expresar.

La trama gira en torno a la vida de Lee Ok-Sun, pero ella menciona las historias de más mujeres como ella que, aun teniendo vivencias similares, son todas diferentes. Ninguna de estas mujeres sigue el papel de víctima perfecta, pues eso está destinado a las obras de ficción. En Hierba, las mujeres lloran, cometen errores y conviven con el duelo a su manera, y nadie debe poner en duda ninguna de sus decisiones o pensamientos, porque las atrocidades que han vivido forman parte de una de las etapas más terroríficas de los últimos siglos. Hasta en dos ocasiones en el libro, un par de personajes se lamentan de que haya nacimientos de mujeres. Estaban destinadas a la violencia, a la subyugación, a la muerte inevitable del pensamiento.

Ninguna de estas mujeres sigue el papel de víctima perfecta, pues eso está destinado a las obras de ficción. En Hierba, las mujeres lloran, cometen errores y conviven con el duelo a su manera.

La historia pasa como un suspiro, un suspiro que deja marca, que va clavando astillas por donde camina. Parece que es necesario aguantar la respiración desde la primera página hasta la última, como si el dolor fuese compartido. Parece inhumano pensar que esta iniquidad ocurrió hace mucho menos de 100 años. Las mujeres surcoreanas siguen pidiendo responsabilidades a los organismos japoneses por todos los daños ocasionados. Es evidente que unas disculpas por toda la violencia ejercida sobre estas mujeres no va a reparar el daño emocional y físico sufrido. Sin embargo, poner un punto final a tantas historias de tortura y sufrimiento puede ayudar a cerrar alguna que otra herida.

Es una lectura incómoda, cruda y desagradable, pero necesaria. Encontrar el valor para leer Hierba no es algo sencillo de alcanzar, aunque es una lectura obligatoria. Es una historia muy alejada de la exageración, y tampoco es lacrimógena. Es una historia de una niña a la que le arrebataron la infancia y fue sometida a humillaciones y violencia. Se trata de una vida tangible; una vida real.