Millie Bobby Brown, Chris Pratt y los hermanos Russo no terminan de despegar

Hugo Felipe
El estreno de Estado Eléctrico generó una gran expectativa entre los cinéfilos y seguidores del cómic original de Simon Stålenhag. Bajo la dirección de los hermanos Russo, conocidos por su trabajo en el Universo Cinematográfico de Marvel, la película prometía una mezcla de ciencia ficción, drama y reflexión filosófica sobre la tecnología y la humanidad. Con un elenco de renombre y una estética que evocaba el ciberpunk melancólico, la película se perfilaba como una de las más esperadas del año. Pero, ¿cumplió con las expectativas?
La historia de Estado Eléctrico nos transporta a un futuro alternativo donde la sociedad se encuentra en decadencia, invadida por tecnología obsoleta y robots que deambulan como vestigios de una era pasada. La protagonista, Michelle (interpretada por Millie Bobby Brown), es una joven que emprende un viaje a través de este paisaje desolado en busca de su hermano desaparecido. Acompañada por un robot guardián con una personalidad entrañable, su travesía la lleva a descubrir secretos oscuros sobre la sociedad y sobre sí misma. La narrativa está impregnada de una sensación de soledad y nostalgia, acentuada por la dirección artística y el uso de colores apagados que evocan una América en ruinas.
La banda sonora refuerza el tono melancólico, pero en ciertos momentos cae en lo genérico.
En términos de dirección y actuación, los hermanos Russo consiguen construir un mundo visualmente impresionante, pero la película a veces se siente sobrecargada de efectos visuales y con un ritmo irregular. Millie Bobby Brown ofrece una interpretación sólida, logrando transmitir la vulnerabilidad y determinación de su personaje. Sin embargo, el desarrollo de los secundarios resulta desigual, con personajes que parecen estar ahí solo para servir de vehículo a la trama sin profundizar demasiado en sus motivaciones. La banda sonora, compuesta por Steve Jablonsky, refuerza el tono melancólico, pero en ciertos momentos cae en lo genérico, sin lograr destacar tanto como la impresionante cinematografía.
La película recuerda en ciertos aspectos a otras obras de ciencia ficción distópica como Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve, que también aborda la soledad en un mundo dominado por tecnología decadente. Asimismo, su premisa de un viaje en busca de un ser querido en un mundo postapocalíptico la emparenta con The Road de Cormac McCarthy, tanto en la versión cinematográfica como en la novela original. Desde el punto de vista literario, la película comparte elementos con Neuromante de William Gibson y, por supuesto, con la propia novela ilustrada de Simon Stålenhag, cuya estética fue replicada con gran fidelidad. Sin embargo, a diferencia de estas referencias, Estado Eléctrico a veces peca de subestimar su propio mensaje, dejando algunas de sus ideas más profundas sin desarrollar por completo.
En conclusión, Estado Eléctrico es una película visualmente impactante y con una historia conmovedora, pero que no alcanza la profundidad de sus referentes. Si bien el viaje de su protagonista es emotivo y reflexivo, el ritmo desigual y algunos personajes poco desarrollados le restan impacto. Es una buena propuesta dentro del género de la ciencia ficción, pero no logra consolidarse como una obra maestra. Para los fans del material original y del cine distópico, sigue siendo un visionado recomendable, aunque sin las innovaciones que podrían haberla convertido en un clásico instantáneo.



