La artista ganadora de la beca Injuve a la Creación Joven decidió utilizarla
para crear su trabajo más personal hasta la fecha, Encías Quemadas,
donde el recuerdo de su ser querido vivirá para siempre

Laura Peñuela
No todo el mundo lidia con las pérdidas de la misma manera. Hay quienes se aferran a la negación y hay quienes cambian su estilo de vida ligeramente. También hay personas que expresan sus emociones a través del arte, como es el caso de Natalia Velarde (Venezuela, 1994), que auguraba la partida de su amigo perruno Tapón —al que había criado desde los tres meses hasta los diecisiete años— y decidió guardar su memoria en su primera novela gráfica, Encías quemadas (2025). La artista nos sumerge en un mundo en el que dibuja su duelo a través de personajes que harán sonreír a más de uno.
P. ¿Qué significa para ti, como artista, que el público pueda conectar contigo a través de tus obras?
R. Significa muchísimo. Por un lado, digamos que me siento como una artista, por decirlo así, muy egoísta en el sentido de que al final hago mi trabajo porque no me queda de otra, porque es algo que necesito hacer y ya está. Pero cuando otras personas lo leen, lo ven y conectan con lo que haces, es la razón por la que realmente hacemos lo que hacemos. Al fin y al cabo, el arte no es más que otra forma de comunicación, y yo elijo el cómic porque es el medio donde más cómoda me siento y donde siento que puedo ser más yo, incluso más que en la vida real, que me cuesta más expresar ciertas cosas con las palabras, entonces me ayudo con las imágenes. Es muy bonito cuando trabajas y piensas “bueno, a lo mejor esto no lo va a entender nadie”, pero luego ves personas que no te conocen de nada y leen lo que haces y expresan lecturas de cosas que son muy similares a cómo las has sentido. Incluso muchas veces aprendes de ti misma, ¿no? Porque dicen, comentan cosas que dices pues sí, o pues no, pero es interesante ver cómo es percibido tu trabajo, pero en todo caso es algo muy gratificante, es muy bonito.
P. ¿Qué sientes que pierdes —emocional o físicamente— cuando trabajas en digital frente a lo analógico?
R. En ambos casos, tanto en digital como en tradicional, se pierde y se ganan cosas. Pero es igual que si, por ejemplo, trabajas en óleo o trabajas en acuarelas; en ambos ganas y pierdes cosas, porque, a pesar de que en digital se pueda lograr todo tipo de texturas y puedas trabajar como si trabajases en analógico, el digital no tiene las resistencias de los propios materiales. Simplemente el cómo se siente cada material, es decir, si tú trabajas al óleo, pues tienes que tener una disciplina: tienes que tener toda tu mesa muy ceremoniosa, además es muy aparatoso, encima huele fuerte y no se seca, y si trabajas con acuarelas pues es lo mismo: es mucho más fácil, es mucho más limpio. En lo analógico, los materiales tienen una resistencia, las cosas pueden salir mal. En el digital también pueden salir mal y puedes permitir que pasen cosas que no esperas, pero siempre tienes la oportunidad de ir para atrás. Entonces no tienes miedo, yo siento que cuando he aprendido de verdad a pintar, ha sido gracias al digital, justamente porque no tenía miedo de echar para atrás. No había nada que perder porque no eran dibujos de verdad, a pesar de que sí que lo son. Yo trabajo de la misma manera en digital que en que en analógico: trabajo con un lienzo y ya está y pienso no tanto por capas, como se trabaja en digital (empiezas primero con línea, después con tinta, después que si la base de color), sino que intento trabajar como si estuviese pintando un cuadro en el cual tú tienes que reservar espacios. Claro, eso es realmente ejercitarse porque antes yo no tenía valor para hacerlo tanto en tradicional y simplemente a fuerza de hacerlo mucho en digital –que no sentía que tuviese esa presión– obviamente también uso texturas, mezclas, esas cosas que sí tiene el digital, que no tiene el tradicional. Para mí son técnicas que se pueden fusionar perfectamente, que puedes conseguir cosas en uno o en otro, pero sí que es verdad que, desde que pasó todo esto con el tema de la inteligencia artificial, últimamente se me hace más raro volver al digital, pero creo que es algo más psicológico que otra cosa, porque luego al final es tener una motivación para ser. Siempre es mucho más agradable trabajar en tradicional, pero, si vas con muchísima prisa y necesitas sacar algo… Yo siempre he trabajado en tradicional cuando siento que tengo todo el tiempo del mundo y cuando no, porque tengo muchísima prisa, sigo trabajando en digital y siempre mezclo, en realidad.
P. ¿Cómo afrontas el bloqueo artístico?
R. El bloqueo artístico es algo que es parte de la profesión, yo no conozco a nadie que no le pase, incluso si ya estás a un nivel profesional, casi de forma constante. Tengo amigos que son muy disciplinados y son capaces de decir “bueno, hay que sacarlo” y se ponen la manta a la cabeza y lo hacen bien. En mi caso, trabajo hasta donde puedo, hasta que ya no me gusta nada y normalmente lo dejo estar y sé que al día siguiente la mente se resetea y vas encontrando nuevas formas; o me sigo peleando hasta que doy con lo que lo que quiero, o muchas veces me pasa que es al día siguiente o después de ir a sacar al perro, a oxigenarte el cerebro, consigues resolver el dibujo que querías hacer. Pero luego hay periodos de tiempo, que son más bloqueos como tal. Hace poco oí a un chaval por Instagram que hablaba de que el bloqueo realmente era tu cerebro, no es tanto que no sabes cómo resolver el dibujo, sino que cuando lo que haces no te gusta o no sabes cómo empezar a trabajarlo. Él dice que eso te pasa cuando tu cerebro ya se ha aburrido de lo que sabe hacer, entonces no quiere seguir por lo que conoce. Eso es bueno porque quiere decir que estás en el momento en que puedes dar un siguiente paso, yo creo que esa perspectiva es muy interesante. Muchas veces pasa que a lo mejor tú estás trabajando en algo y luego pasa muchísimo tiempo; pasa el verano, y no vuelves a dibujar y de repente un día te pones a dibujar y dices “¡ay, esto lo hago mejor!” y eso pasa porque tu cerebro sigue trabajando y sigues absorbiendo cosas de afuera. Entonces, muchas veces lo mejor es si puedes —una cosa son los ‘deadlines’ y otra cosa es tu relación con el trabajo— separarte, darte un tiempo, mirar películas o leer a otros, sacar al perro… Muchas veces también es la presión de tener que hacer las cosas de una forma determinada. Resuelvo ambas cosas de esa manera: o me enzarzo con ello hasta que lo consigo, y eso normalmente se lleva todo un día, y normalmente, cuando lo consigo, lo termino de sacar al día siguiente, o cuando digo “ya vale, esto es lo que le faltaba”. Al final el cerebro no puede estar al 100% todo el rato, es como que va resolviéndose, se le va ocurriendo una buena idea al día a lo mejor.
P. ¿Cómo lidias trabajar bajo presión? ¿La presión te acerca más a lo que quieres hacer o te aleja de ti misma?
R. No lo sé, es una mezcla de las dos cosas porque siempre siento que trabajo bajo presión, pero también es porque me organizo fatal, porque no tengo noción del tiempo. Muchas veces me estreso y pienso que ya estoy acabada, luego hablo con mis amigos y dicen “pero si te queda todavía todo este tiempo”. Es como que me cuesta mucho encajar el tiempo en las cosas. De hecho, por horarios y números yo tengo mis colegas que bromean con que yo tengo “mi propio Big Ben” porque está todo el rato sonando para que yo me acuerde de qué hora es en todo momento, avisándome de que tengo que empezar a hacer esto o acabar de hacer lo otro, porque no tengo noción de tiempo. Entonces, por eso mismo, porque no confío en mi propia noción de tiempo, estoy agobiada, pero al mismo tiempo se me pasa el tiempo muy rápido, como que me preocupo y no me preocupo tanto, a lo mejor luego tengo más tiempo del que creo. No me aleja porque al final dibujar es una profesión que yo he elegido, hay muchas otras más que me gustan, que a lo mejor no me cuesta tanto cumplir con los objetivos que tengo. No me cuesta tanto ser profesional en ese sentido y el dibujar es una cosa que hago porque quiero hacerlo, porque me hace feliz hacerlo. Entonces intento ser profesional hasta el punto en que se roza con lo de “no me gusta lo que estoy haciendo”. Allí es cuando pongo el límite y digo “¿entonces qué sentido tiene dibujar?” Hay otros trabajos que son así, que hay que cumplirlos, y son mejor remunerados normalmente. Prefiero compaginar las dos cosas, creo que sí que puede que trabaje muy bien bajo presión.
Intento disfrutar lo que está pasando, pero no lo doy por hecho. Me sigo sintiendo igual que cuando lo estaba dibujando hace nada.
P. Aunque te dediques a lo que quieres, si lo tomas como un trabajo —aunque lo sea— puedes perder la pasión. La presión de tener un ‘deadline’ y que a veces es inevitable tener bloqueos artísticos.
R. Sí, es parte de la profesión realmente. Encías Quemadas tendría que haberlo acabado en un año, año y medio, y tardé tres años. Al final no soy un muy buen ejemplo (risas), vivimos en una sociedad, en un mundo en el que obviamente no es que los editores sean malvados y te ponen ‘deadlines’ porque te odian. También hay unas fechas en las cuales tienen que mandar las cosas a imprenta, porque luego también tiene que ver con la gente de marketing, porque hay una cadena de planificación. Entonces no se trata de una contra el mundo. Creo que mi trabajo parte de ser profesional dentro de este trabajo y del sentido que tiene para mí, [no] hacer por hacer, esa la cuestión. En general no me gusta hacerlo con nada, me gusta que incluso cuando no son trabajos que son de ilustración o de dibujo, cuando son, por ejemplo, trabajos de talleres, me gusta que no sea por “me voy a simplemente a ganar unas pelas”, sino uno que tenga algún tipo de sentido, que yo crea en lo que estoy haciendo y pueda transmitir algo con lo que estoy haciendo. Ese es el punto, lo que pasa es que hay veces que estamos tan agobiados, tan atacados de tener que llegar a las cosas, que realmente se nos pasa el sentido de por qué las hacemos: a quién quieres llegar, qué es lo que estás intentando hacer con este trabajo. Entonces es en el momento en que nos mecanizamos completamente y yo entiendo que, para algunas cosas, no pasa nada mecanizarse de vez en cuando, pero para esto no. Esto es lo único que no me puedo permitir mecanizarme. Para eso hay otros trabajos de los que puedo vivir.
Aquí en España la mayor parte de las autoras y de los autores tienen que trabajar o tienen que hacer unos malabares para poder compensar la familia, la vida, el trabajo y el cómic después.
P. ¿Cómo ha sido el salto de realizar fanzines a tu primera novela gráfica, Encías Quemadas?
R. Esto tiene mucho que ver con todo esto de lo que estamos hablando, porque realmente de esto van los fanzines, justamente de intentar tener tu propio ritmo de trabajo, de hacer lo que quieres porque quieres hacerlo. Entonces ha sido realmente muy similar el proceso en el sentido de que me he sentido muy libre, porque mi editor es un santo y no me ha puesto ninguna traba. Cada vez que le hablaba a mi editor, cuando teníamos una entrega, yo siempre estaba despidiéndome, en plan “bueno, muchas gracias, ha sido precioso hasta aquí” y mi editor estaba como “venga, no te preocupes” porque también lo entienden. Entienden que tú, además de lo que estás haciendo con ellos, tienes que trabajar, tienes que vivir, porque los pagos en España no dan [suficiente saldo] para que tú puedas dedicarle todo tu tiempo a esto. También esto tiene que ver con eso, con quemarse. Aquí en España la mayor parte de las autoras y de los autores tienen que trabajar o tienen que hacer maniobras, unos malabares para poder compensar la familia, la vida, el trabajo y el cómic después. Muchos terminan su jornada laboral y en la noche se ponen a trabajar o madrugan a las 6:00 de la mañana, empiezan y después se van al otro trabajo. Entonces también conlleva mucha disciplina ser dibujante en esas condiciones, porque tienes que meter un segundo, un tercer trabajo dentro de tu día a día. Al final yo creo que, por lo menos mi editor, lo entendió perfectamente y además confió en mí, y eso me ayudó mucho. También es muy bonito trabajar con alguien, yo estoy muy acostumbrada a trabajar sola, me cuesta mucho trabajar con más gente. Porque a mí me gusta mucho tener el control de mis decisiones, y por eso también me autoedito. Yo hice prácticas en una editorial, en Dibbuks Ediciones cuando lo llevaban Ricardo y Marion hace muchos años. Allí aprendí todo: aprendí a hacer maquetación editorial y todo eso lo aplico en mi trabajo desde hace años, más de 10 años realmente llevo haciendo eso. Entonces eso también lo sabe Jaume, que me ha hecho muy cómplice de todo lo que es el proceso editorial en sí. Ha tenido muy en cuenta el si a mí me gustaba esto, si no. El tipo sabe muchísimo, no por nada es el editor que es, y todas las decisiones que le puso al libro no hicieron más que sumar: el tamaño al principio íbamos a hacerlo mucho más pequeño, yo tenía miedo de hacerlo en grande, porque me daba miedo que se me viesen las costuras, como quien dice. Estoy más acostumbrada a los fanzines que son tamaño A5 normalmente, nunca había trabajado en un formato tan grande para tebeo. Eso fue idea suya y creo que fue un acierto total, porque si no habría sido insufrible de leer o no se habría leído nada porque la letra es complicada porque tiene muchos detalles. Luego el lado de la tapa dura también se le ocurrió a él, después lo del hendido, todo lo hizo superprecioso. Cuando le comenté que teníamos lo de la Injuve dijimos “bueno, vamos a aprovechar el dinero de la Injuve para hacer una edición chula, una edición bonita” que por eso es que la primera edición es en tapa dura con el hendido en los dientes. Yo le comentaba, aparte de eso, lo que me gustaría sobre todo es que el libro fuese accesible, entonces él dijo “vamos a hacer eso, vamos a hacer que el libro sea chulísimo, pero que sea lo más barato que podamos hacerlo”, para que la editorial gane un margen, porque el coste del libro de forma normal, el de la primera edición, podría haber sido de 30 a 35 euros, y yo no quiero que cueste tanto dinero. Quiero que a la gente no le cueste tanto poder acceder a él. Entonces, usamos la beca para hacer una edición chula y ponerlo lo más económicamente posible. Y así salió en realidad, tuvo el precio que es el que tiene ahora por ser tapa blanda realmente. Entonces por eso es que a la tapa blanda no se le pudo pagar más precio porque ahí sí que se ponían en problemas los editores. Pero bueno, eso también es bonito, que, por ejemplo, yo estaba todo el rato pensando “en algún momento me van a decir que tengo que cambiarlo todo, esto no se entiende, esto de acá ¿qué es esto?, ¿qué has querido decir con esto?, ¿y esto por qué? o ¿por qué estas letras?”. Yo estaba diciendo “en cualquier momento me van a hacer cambiar toda la tipografía”, porque eso es una cosa que a mí me han criticado mucho, con razón, en realidad, es complicada de leer. Entonces yo en esta me esforcé por ser más legible, pero quería que guardase todavía la expresividad de la letra, porque la hago a mano. [Jaume] me dijo solamente una vez cuando ya había acabado todo: “Bueno, Natalia, tenemos que reunirnos, tenemos que hablar porque hay una cosa que sí que te quiero corregir”. Entonces yo dije “ha llegado el momento en que me lo va a hacer cambiar todo”, entonces yo hablé primero en la reunión y le dije: “Claro, es que esta escena no funciona porque no sé qué, es que aquí esto es un capricho de artista que no sé qué”, y yo ahí estaba, funando mi propio trabajo, y cuando acabé, Jaume quedó en silencio y dijo: “No, yo creo que no, yo creo que esto tiene sentido” y entonces empezó él a decirme —porque estábamos hablando de una escena en particular que yo le estaba diciendo de eliminarla porque no tenía ningún sentido— que sí tenía sentido, porque eso tenía que ver con el final y, claro, hablando de lo que es que otra persona conecte con lo que haces, estábamos hablando de una escena que es muy poética, que es muy lírica, y la lírica tiene eso de que invita a todo el mundo a jugar, que es lo que se está dando. Pero es muy hermoso cuando alguien coge lírica que yo he hecho por un motivo y de repente da directo con lo que yo estaba pensando cuando lo hice. Entonces, en ese momento dije “vale, estoy con la persona adecuada”, porque cree en lo que hago, y no solamente cree en lo que hago, sino que se ha involucrado realmente con esto. Porque nadie te puede dar una lectura así, ya no te digo dándote flores de lo bien que lo has hecho, sino del análisis de lo que estás haciendo, eso conlleva un esfuerzo que es precioso. En ese momento dije “vale, estoy bien, estoy donde tengo que estar” y lo que me hizo cambiar fue a lo mejor alguna palabra un poco redundante, ni siquiera tuve que hacer cosas nuevas: a lo mejor para decir “me gusta mucho esto”, ponía “me gusta mucho, mucho” entonces quitamos un “mucho” y ya está, era de un par de páginas y nada. Ha sido francamente muy bonito trabajar con él, porque él sabía que yo vengo de la autoedición y no solo lo respeta, sino que creo que lo entiende, y nos hemos compenetrado muy bien. Luego a nivel de trabajo es que no he puesto ninguna diferencia: yo hago esto porque me gusta y [aunque] existe la diferencia de que estoy acojonada de miedo porque ahora ya no se trata de lo que haga yo sola, sino que obviamente hay alguien que está apostando por mí a la que puedo decepcionar o no. Pero en este tipo de cosas soy un poco egoísta, porque necesito hacer esto y eso es lo que me mantiene. Creo que hay que ser agradecidos, profesionales, pero también fieles a por qué has decidido hacer lo que estás haciendo para no perder la razón de por qué haces esta historia.
Para mí era una manera de honrar a mi amigo o de seguir hablando de las cosas que me dan miedo y de sentir que eso tiene algún sentido, de sentirme viva mientras lo hago.
P. Siguiendo con Encías Quemadas, ¿por qué está dividida en cantos y no en capítulos?
R. Cuando estaba recogiendo todas las ideas que terminarían siendo Encías Quemadas, pensaba hacer un fanzine que era una cancioncita, que era la historia de una persona; un personaje que se llamaba Piel de Perro, que era supertorpe y era gracioso porque era como una canción de todo el mundo insultando a Piel de Perro, porque por su culpa era el fin del mundo. Era una cosa muy absurda en la que todo el mundo estaba enfadado con una sola persona y esa persona era muy como Piel de Perro. Allí lo cogí y dije “¡ay! Pero mira, Piel de Perro podría ser directamente la protagonista de esta historia”, porque al fin y al cabo mis fanzines son todos autoficciones. Entonces realmente me valía ese disfraz, por decirlo así. Para guardar justamente la idea de la canción de Piel de Perro lo mantuve en los tres cantos, como si fuesen esa canción del fanzine de este personaje que llegó y que nos jodió a todos. Al fin y al cabo, es como una especie de fábula y las fábulas muchas veces se cantaban, por eso lo guardé.
P. Si pudiéramos viajar al pasado, ¿qué consejo le darías a la Natalia de antes de presentarse al Injuve?
R. ¡Ostras! No le diría nada, es que no lo sé, porque no hay una cosa cierta. De alguna manera, siento que lo que ha pasado ha sido una sucesión de cosas que yo no podía controlar y que han sido una suerte tremenda. Tampoco te diría: “Natalia, pues no haberte acojonado tanto, mira, las cosas han salido bien”, ya que todavía no sé si han salido bien. O sea, han salido bien, obviamente estoy muy contenta, han pasado cosas increíbles. Pero, no sé… Es que podría no haber pasado perfectamente, como tantas otras obras increíbles que han sido descubiertas muchísimo tiempo después, u obras que a lo mejor no somos conscientes de que existen o autores que han salido y han sido reconocidos. El hecho de que tu trabajo conecte con otros es una cosa muy aleatoria a veces. También muchas veces tiene que ver con el tema de la crítica: si has tenido la suerte de que estos profesionales han visto lo que haces y además te han regalado sus palabras, realmente se han enamorado de tu trabajo, pues más gente lo ve. Eso digamos que agranda esta imagen de que lo que tú haces tiene un sentido. A veces me pregunto si realmente lo tiene, porque para mí lo tiene. Pero hay mucha gente que igual estaba como yo hace cinco minutos, antes de ser autora, y que lo que hacen lo hacen porque les gusta, y yo creo que eso tiene todo el sentido del mundo. Ojalá no estuviésemos todos tan acojonados con qué decidir nuestra forma de hacer las cosas sea tan caprichosa y pudiésemos poder hacer de forma caprichosa en tranquilidad, sin pensar que eso va a afectar a nuestra estabilidad económica, por ejemplo. No sé qué le diría, no tengo ni idea, es que todavía sigo estando allí. Para mí no ha terminado de pasar nada. De hecho, estoy, si te digo la verdad, como asustada, como que en algún momento algo malo va a pasar, pero espero que no. Al mismo tiempo intento disfrutar lo que está pasando, pero no lo doy por hecho. Me sigo sintiendo igual que cuando lo estaba dibujando hace nada.
P. Has comentado que estuviste trabajando en Encías Quemadas durante tres años, ¿cómo fue el proceso de inicio a fin? ¿En qué momento dejó de ser un proyecto para convertirse en algo personal que te atravesaba?
R. Bueno, esa parte existe desde el principio porque es así como trabajo desde siempre. Desde que empecé con todo este tema de los fanzines, yo me he dedicado a llorar y a hablar de mí todo el rato. No lo he podido evitar, al final son mis diarios personales entonces es lo que he hecho. Esa es mi vía para ser egoísta, para poder centrarme en mí misma, y luego está el mundo real en el cual tienes que ser buena gente y tienes que escuchar a los demás. Pero en papel es el espacio que yo tengo para poder ser intensita, por decirlo así. Entonces ese era mi límite, eso tenía que ser así. Cuando yo acabé la carrera acabé con una depresión de caballo porque yo siempre he querido ser dibujante de cómics, pero me di cuenta de que te das de bruces contra la realidad y dices “es que yo no puedo”, o sea, puedo ser dibujante de cómics, por supuesto, lo que pasa es que la industria no te da esa estabilidad y yo realmente no podía permitirme ser dibujante de cómics. Esto es como ser artista, al fin y al cabo, hay quien tiene familia que le puede ayudar, o tiene un tipo de sustento con el cual puedes dedicarte realmente a hacer arte, que el arte no tiene realmente una demanda tan grande para que tú puedas dedicarte solamente a ser artista. Tienes que tener mucha suerte de conectar con el público, de que le guste exactamente lo que estás haciendo o que a ti te guste lo que le gusta al público, que eso es una suerte maravillosa. Luego aquí en España no hay suficiente industria como para poder mantenerte solamente con eso, pero lo que te digo, normalmente tienes que trabajar de muchas cosas al mismo tiempo. Entonces yo dije “vale, puedo ser dibujante, pero puedo ser dibujante de superhéroes o puedo hacer tintas o puedo hacer color”, al final para mí eso era un trabajo, pero yo no quería hacer eso. Ahí me di cuenta de que realmente yo no quería ser dibujante, quería ser dibujante de mis tebeos, de las cosas que me gustan a mí. Desde esa idea caprichosa, me derroté a mí misma y dije “nunca voy a poder hacerlo” porque lo que yo hago son chicas perro raras, que lloran y hacen cosas y eso es muy raro que se dé. Aun así, yo iba a ferias y hacía mis fanzines y la gente los leía y les gustaban. Yo seguía pasándomelo bien y, al mismo tiempo, vivía y hacía cosas. Entonces, bueno, atravesada, como siempre desde el principio, realmente una de esas cosas que no tenía planificada era la Injuve, que fue por donde empezó todo esto. Yo me metí a la Injuve, pero no tenía pensado hacerlo; de hecho, tenía 28 años y ese año no tenía pensado meterme, estaba a punto de cumplir los 29, entonces me quedaba como un año prácticamente si me quería presentar. No lo iba a hacer, pero me dijo un conocido “venga, no sé qué” fue como algo providencial, yo lo vi y dije “bueno, venga, lo voy a intentar”, aunque no tenía nada preparado. Como no tenía nada preparado, y el no ya lo tenía, pues lo que hice fue improvisar. Pero improvisé sabiendo que, si sonase la flauta y me lo dieran, pues estaría en problemas porque no tengo nada. Entonces, para poder tener algo en caso de que sonase la flauta, tenía que crear algo que me gustase lo suficiente para que se hiciera solo, entre comillas. Tiré de mi zona de confort total: no lo presenté como un proyecto en sí ni como una historia en sí, lo que hice fue presentar la experimentación. Quiero hacer un tebeo y ver qué sale de juntar dos tipos de narrativas: una más clásica —un tebeo largo— y otra más experimental, que es la que he estado explorando en mis fanzines, en mis diarios gráficos. Quería ver cómo podía juntar esas dos formas de hacer, porque yo antes sí trabajaba de forma más clásica hasta que empecé con lo de los fanzines y eso ha sido todo mucho más improvisado, mucho más lírico, más experimental. Entonces quería ver si era capaz de juntar ambas cosas. Luego enfrentarme a un guion largo que nunca lo había hecho, y eso sí que es algo bastante nuevo, bastante distinto. Junté eso con una historia que tenía preparada de los 16 años, una historia que no iba a ningún sitio; era un personaje que era un señor que quería ser escritor, pero no podía, entonces estaba muy enfadado con la vida y se iba por el desierto y se encontraba personajes muy raros. La historia realmente no tenía mucho sentido y también buscaban a una especie de dios, que les resolviese algo. Entonces cogí de esas cosas que todavía me gustaban, imágenes que todavía me gustaban, y dije “bueno, voy a mezclar esto con lo que me interesa dibujar ahora” y a mí me flipa dibujar chicas perro. En aquel momento, en la historia de cuando tenía 16, yo trabajaba todo ficción y me inventaba mitos y fábulas, entonces nunca trabajaba desde mí misma, eso fue algo que descubrí con los fanzines, de hecho. Después no pude parar, quería ver cómo introducía la parte de la autobiografía, de la lírica, en esto, entonces los puse así y salió. Realmente el último condimento que le puse —que es como yo trabajo desde hace unos años— es justamente un motor muy bueno para trabajar, que es el miedo, porque es fácil, eso lo entiendes rapidísimo. Si tú te pones a pensar en cuál es tu mayor miedo, alguna imagen se te viene al cuerpo y en realidad, como animales, estamos preparados para eso, estamos preparados para ver la adversidades por supervivencia. Se nos despierta el cerebro en cuanto vemos el miedo. Sabía que quería tirar de eso, en ese momento lo que más miedo en el mundo me daba era una certeza tan grande como que sabía que mi perro estaba mayor. Entonces sabía que algo de eso iba a haber, pero en ese momento todavía él vivía, y, de hecho, no pude empezar a trabajar. Me dieron la beca y es superguay, pero tú no puedes hacer la compra con esa beca. Si, por ejemplo, yo hubiera decidido autoeditármela, habría sido maravilloso porque habría podido pagar el papel con eso y ya está, es verdad que cuando la eché yo no tenía editorial ni nada de eso. La cuestión es que yo he estado en una situación económica familiar muy complicada y dejé estar el proyecto bastante tiempo, hasta que fui al Salón del Cómic de Barcelona. Tuve la entrevista con Jaume, con mi editor. De hecho, le había llevado otro proyecto y me dijo “no, yo quiero este” y luego supo que además tenía la beca y dijo “¡ay! Pues me gusta más todavía”. Fue muy bonito, realmente tiene mucho que ver con estar atravesados desde el principio.
Aunque no nos llevemos bien, necesitamos a los otros y, si luego tenemos el tiempo para poder dedicarnos a entendernos, terminaremos complementándonos de alguna manera, aunque seamos muy distintos.
P. Cuando enviaste tu proyecto al Injuve, el personaje de Cielito no existía todavía, ¿cómo surgió? ¿Sentiste que estabas creando un personaje o descubriendo algo que ya estaba en ti?
R. Pues, mira, cuando yo mandé [el borrador] al Injuve, tenía a Piel de Perro —que no se llamaba Piel de Perro, se llamaba Nix— pero al final lo cambié porque dije “la gente que me sigue va a ver demasiado paralelismo”, porque mi Instagram es “nicks.conbotas”. Además, me gusta más Piel de Perro. Luego [había] dos lupercas, que eran estas monstruas perras chicas, gigantescas ferales. Entonces iban a ser esos tres personajes, pero pasa que iban a ser las que le acompañaban a ella por el desierto, pero es que, por mucho que yo le pusiese personalidad a las lupercas, me di cuenta de que no tenían ningún sentido. Para mí las lupercas son algo más primigenio, no sé cómo decirte, te estoy hablando de cómo las siento yo. Entonces no me valía el personaje, porque esos personajes de alguna manera yo creo que saben: son más sabios que uno, son bestias que son más autoconscientes o son salvajes y ya está. Entonces no me parecía que tuviese mucho sentido que estuviesen en el desierto con ella, no sé si te pasa cuando lees un texto o lees una historia que va de dos, normalmente hay uno que habla, otro que escucha y siempre hay uno que es el que suele tener la razón dentro de la conversación. Es fácil saberlo, este es el típico tebeo donde tenemos dos personajes, pero realmente uno es un recurso del otro: uno [está] solamente para darle la razón al que tú quieres darle la razón, y el problema está en que, si yo hubiese tenido que hacer eso, entonces las lupercas tendrían que haber estado todo el rato diciéndole factos a Piel de Perro y yo tendría que haberlo escrito. Y yo no sé nada, estoy perdidísima, como Piel de Perro o Cielito. No me servía alguien que supiese y alguien que no supiese. Entonces me hacía falta alguien que también estuviese perdido de una forma distinta, que se complementaran, o no, yo qué sé, pero desde luego que los dos estuviesen perdidos, y sí, me hacía falta uno más porque creo que la historia hubiera sido completamente distinta si solo hay uno, porque creo que es muy necesario que haya alguien más siempre. Creo que es alguien más el que nos motiva a ser mejores. Esto es un poco igual que cuando te toca estar solo y a lo mejor no cocinas; te comes una lata de atún y es un trámite, pero de repente estás con una amiga, vais a comer y el comer cobra un sentido, es algo que se comparte. Creo que lo bonito que tiene la vida es la visión colectiva de las cosas, creo que tiene mucho que ver con que somos animales de manada. Entonces me hacía falta alguien más y sí, fue una sorpresa porque al principio era una necesidad que surgiese un segundo personaje que no supiese nada, pero me encontré con una pequeña criatura a la que quería muchísimo porque le puse mucho de muchas cosas de la gente a la que quiero: mi chico, mi padre, mi madre, mi hermana… pero también tiene mucho de mí misma, en realidad. Todas esas mezclas de todas esas cosas crearon a un ser en sí mismo, como un pequeño amigo que en realidad me servía, porque exactamente no es Tapón, que era muy majo, no era tan gruñón como Cielito para nada. Pero sí era alguien a quien quería y creo que es alguien a quien puedes llegar a querer en el tebeo y eso era lo importante, que tú mismo te atases al personaje y sintieses que podría haber algo que perder.
P. Cielito es un conjunto de todas las personas a las que quieres, has mencionado anteriormente que siempre que piensas en tu pareja lo relacionas con el color azul. ¿Cómo relacionas las gamas de colores con emociones/sentimientos?
R. Es algo que no suelo pensar realmente mucho. De hecho, conozco la teoría del color, pero, por ejemplo, tengo una amiga que es colorista, que se llama Déborah Villahoz, que es superanalítica del color, dice “ahora voy a utilizar esto porque quiero significar esto aquí” y digo “pues en realidad los colores significan un montón de cosas”, pero no las pienso tanto. Es algo que no pienso demasiado, pero sí, porque, por ejemplo, es verdad que para las escenas de los sueños, de las pesadillas, ese color que era un amarillo muy fuerte se va juntando con un poco de naranja, y se vuelve muy fluorescente y me viene muy bien para hablar de peligro y cosas así. En uno de mis fanzines que se llama Naguará 1 recopilatorio (2024) hay una historia que se llama “Perro chévere”, de hecho, se parecen mucho a los personajes de Encías Quemadas, porque hay un personaje que está disfrazado de perro y se encuentra con un perro gigante y se ponen a hablar de su consulta con la psicóloga. El espacio donde están, que es como una especie de calle que da a esquina, ves que hay una luz al fondo, que son los mismos colores que yo utilizo en el tebeo. De hecho, son estos amarillos verdes, naranjas, fluorescentes… Y luego al final te das cuenta de que esa luz es una seta nuclear. Entonces, el lugar donde está hecho ese tebeo viene de una pesadilla que yo he soñado muchas veces, que es una esquina que hay en una calle dentro de un sueño y yo veo hacia un lado y hay una luz muy fuerte, y yo nunca voy porque me da mucho miedo, entonces siempre voy por otro tipo de lugares. Cuando pienso en estos colores, no he pensado tanto en “voy a utilizar el color amarillo porque el amarillo es el color del peligro”, aunque es así, sino que he pensado en el sueño que tuve y que, obviamente, si en mi sueño elegí ese color es porque es el color del peligro. Cielito ve azul o tiene cositas azules porque le viene del nombre; a mi chico porque, por alguna razón, ya no me acuerdo de por qué empezó todo eso, pero siempre desde hace muchos años lo represento de esa manera, del tono cian. Con el tema de Usia, por ejemplo, que es morado, me venía bien en un principio porque combinaba con los otros colores. Luego se dio la casualidad de que me venía bien ese color porque ese morado púrpura —los colores que hay dentro de los bocadillos, que es como se representa la voz de Usia— son todo lo oculto. También los reyes se vestían con eso, los papas se vestían con eso, es un poco el color de la magia y de la monarquía, en cierta manera. Entonces me venían bien para el personaje, aunque no los pensé por eso, los pensé porque combinaban bien todos los colores juntos.
Muchas cosas las hago de forma improvisada y me da pie a pensar mucho en por qué hice lo que hice, entonces eso me permite tener una charla conmigo misma a distancia durante mucho tiempo.
P. Has mencionado que sufres de bruxismo, y el personaje de Piel de Perro es capaz de escupir fuego. Además, los sueños que tiene son los mismos sueños que tú tuviste, ¿qué otras cosas tienes en común con Piel de Perro?
R. Bueno, Piel de Perro es el personaje que siento que se parece más a mí. Digamos que no hago muchas separaciones, es como una forma de ‘doppelganger’, de poder interactuar en el libro. Pero es inconsciente, por decirlo así. Tampoco le gusta dormirse, por ejemplo, y a mí tampoco. Mejor dicho, no me gusta irme a dormir, o sea, me gusta quedarme dormida, pero no decir “me voy a dormir”, que en realidad es superinsano lo de estar mirando reels hasta que te quedas dormida, es terrible. Pero sí, me pone muy nerviosa cuando ya hay que irse a dormir y tu cabeza todavía da muchas vueltas.
P. Piel de Perro le tiene miedo a la muerte mientras que Cielito no quiere estar solo, ¿cómo se complementan estos dos personajes?
R. No les queda otra que complementarse porque son los dos que hay, al final siempre vamos a necesitar al otro. Realmente, aunque no se lleven bien, no estoy hablando ya ni siquiera de tu pareja o de tu madre, digo el vecino, imagínate si estuvieses tú y tu vecino el que peor te cae. No hay nada más, sois los dos únicos seres humanos que quedan en la Tierra. Al principio vas a querer morirte, pero por lo único que no lo vas a hacer enseguida, va a ser porque hay alguien más y alguien siempre conlleva una posibilidad. No tanto de generar nueva vida, pero por lo menos hablar, quizás la forma en que acaban las cosas es más lenta. Creo que al final, aunque no nos llevemos bien, necesitamos a los otros y, si luego tenemos el tiempo para poder dedicarnos a entendernos, pues terminaremos complementándonos de alguna manera, aunque seamos muy distintos. Esto es una idea muy hippie, más estando el mundo como está.
Me encanta poder dedicarme solamente a esto, pero no quiero perder la parte de por qué hago esto, no quiero simplemente sacar otras historias.
P. Anteriormente comentaste que cuando acabaste la carrera de bellas artes estabas muy perdida, sin saber qué hacer con tu vida y fue cuando escribiste: “Cuando tenía once años me rompieron los dientes sin querer. Tengo 24 años y Tapón tiene 13 y está mayor. Por primera vez creo que está muy mayor. Mamá, papá; me da miedo que todo lo que me da miedo sí que se va a cumplir, porque son parte de la vida real y son cosas que tienen que pasar”. Como bien dices, es algo inevitable, que la mayoría de las personas tienen que pasar. ¿Cómo te hace sentir que una etapa tan difícil a nivel personal haya terminado convirtiéndose en algo tan positivo en tu carrera?
R. Al final, mi profesión —que es la de ser dibujante— está muy envuelta con las cosas que me gusta pensar que tienen sentido, las cosas que yo elijo que creo que tienen sentido. Entonces sigue siendo una profesión, pero la mezclo con todo. Para mí era una manera de honrar a mi amigo o de seguir hablando de las cosas que me dan miedo y sentir que eso tiene algún sentido, de sentirme viva mientras lo hago, porque obviamente estoy trabajando con temas que me tocan frontalmente con lo que estoy sintiendo en el momento. Eso obviamente genera que me sienta viva cuando lo estoy haciendo o cuando hablo de ello, no es algo que he dejado atrás del todo. Entonces me permite estar presente, por decirlo así, en mi momento vital. Tengo la suerte de que este trabajo me permite vivir las cosas, aunque sea desde la ficción; es realmente muy bonito y también me ha permitido aprender a hablar de cosas, porque antes —parecía que no, porque ya no me callo ni debajo del agua— no era capaz de hacerlo ni entenderlo. Lo que me pasó es que no sentía absolutamente nada cuando salí de la carrera, no estaba ni bien ni mal, estaba en piloto automático, que fue el periodo de tiempo en que dejé de dibujar justamente por el bajón. De repente decía “lo que he dibujado hasta ahora no tiene ningún sentido”, porque también tiene que ver con un profe al cual yo admiro mucho, y en la carrera me dijo “los tebeos, muy bien, pero nunca vas a poder hacer arte con ello”. Eso me jodía muchísimo, porque tenía también la edad que tenía y no era capaz de aceptar que una persona a la que yo admiraba profundamente no estuviese de acuerdo conmigo. No era capaz de aceptar que lo que yo quisiera ser no fuese importante. Una cosa que me ha enseñado mi trabajo —esas páginas que tú has leído—, la primera página que escribí en mi diario fue al darme cuenta —porque en ese momento era la primera vez que no quería dibujar algo bien, por decirlo así— sino que quería expresar algo, y lo hacía por necesidad, porque estaba intentando atrapar ideas, intentar expresar qué era todo eso que estaba sintiendo porque no era que no sintiese nada, sino que estaba sintiendo mucho y estaba paralizada. Eso hizo que me diera cuenta de que el arte no importa. La palabra en sí; cómo, por qué o [lo] que a mi profe no le pareciera, vamos a decir que sí, que no es arte, no pasa nada ¿Qué más da? Yo necesito hacer esto porque me hace feliz, me hace bien hacerlo ¿Por qué no lo voy a hacer? Tampoco tiene por qué ser importante. La cuestión es que ya es muy importante; ya tiene sentido si lo haces, si quieres hacerlo. Todas esas cosas las aprendí gracias a ese diario, a diseccionar qué era lo que me pasaba. Pensar en ello me permitió resolver un montón de cosas, también me permitió ir a terapia. No fue realmente aposta, sino más bien por una serie de casualidades; había una exalumna de la uni que era psicóloga y había hecho bellas artes, y quería encontrar a alguien —porque decidí que esta temática de este diario fuese mi TFG—, porque no encontraba a nivel editorial referentes de lo que yo estaba haciendo. En ese momento era todo diario, muy vomitado, pero yo quería encontrar algo como eso. Había encontrado un libro de Frida Kahlo, que es un diario íntimo, pero en ese momento no lo conocía. Encontré en cómic —porque el de Frida Kahlo es un diario—, el de De Tripas y Corazón (2017) de Pozla o el de Billy, tú y yo (2013) [de Nicola Streeten], por ejemplo, son tebeos que son más vomitados, pero no eran exactamente lo que yo estaba buscando. Entonces le pregunté igualmente a mi psicóloga si me podía ayudar con el trabajo, no puedes simplemente hablar y ya está, sino que alguien tiene que secundar lo que haces. Pensé que ella siendo una profesional de la psicología, quizás me vale, pero claro, al final era muy gracioso porque hablar de mi TFG era hacer terapia, y ella no podía evitar no involucrarse. Al final eso fue muy bonito porque vomitar en el arte está muy bien, pero eso no es sanar; vomitar es una parte del trabajo que uno tiene que hacer para conocerse y sentirse mejor después, porque puede llegar a ser adictivo. De hecho, llegué a un punto con ese diario en el que buscaba estar mal para poder trabajar, porque pensaba que era el único motor que yo podía tener. Me hice adicta totalmente a esa sensación de catarsis, pero luego volvías a ello. Lo sigo trabajando a día de hoy con terapia, pero, en fin, que es algo muy bonito el poder conocerse a uno mismo, porque muchas veces no sientes qué estás haciendo; la mayor parte de las cosas que he aprendido, las aprendo mucho tiempo después de leer mis trabajos. Muchas cosas las hago de forma improvisada y me da pie a pensar mucho en por qué hice lo que hice, entonces eso me permite tener una charla conmigo misma a distancia durante mucho tiempo.
P. ¿Qué te inspiró a crear tu propio sello Tarde y Triste? ¿Fue una decisión artística o una forma de proteger tu manera de hacer las cosas?
R. Cuando estaba en la uni —tengo mi grupo de amigos que somos todos de la carrera—, en ese momento no parábamos de fundar colectivos, pero enseguida nos cansábamos y al año siguiente montábamos otro. Gracias a que en cuarto de carrera —cuando ya había dicho que esto era mi TFG— conocí el mundo de los fanzines, que fue realmente el lugar donde encontré las referencias que estaba buscando para hacer mi TFG. Entonces dije “venga, chavales, vamos a hacer fanzines y a apuntarnos a ferias” y empezamos a juntarnos y a decir “¿Cómo se va a llamar este nuevo colectivo?”, entonces dijimos: “Tiene que ser como un himno generacional, ¿no? ¿y qué nos define a todos?”, porque además cada uno hacemos cosas completamente distintas. Entonces yo digo “estamos tristes, lo primero”. Estamos todos tristes, los millennials, y entonces [un amigo] dijo “y que llegábamos tarde a todas partes” entonces ahí tal cual salió Tarde y Triste. Empezamos siendo eso, como una especie de colectivo chaquetilla, cualquier persona se podía meter si quería; si nos apuntamos a una feria, si alguien quería se podía apuntar, y como normalmente en las ferias tenías más chance a entrar si ibas como colectivo, pues, aunque fueras tú solo al final, Tarde y Triste va. Estuvimos haciendo eso durante un tiempo, pero al final la única que terminó haciendo fanzines fui yo; mis amigos buscaron trabajos decentes, empezaron a hacer cosas con sus vidas, por eso me quedé con el nombre del sello para seguir autoeditándome. A día de hoy, organizo y coordino este tipo de fanzines colectivos, que también es otra idea de juntarnos entre todos mis amigos; que ahora son profes, diseñadores, trabajan aquí, trabajan allá o están a punto de tener familia. Están muy ocupados, entonces monté esta excusa de hacer un fanzine coordinado colectivo para volver a hacer algo juntos, como cuando estábamos en la uni. Lo dirijo con el tema de los sueños; hacer diarios de sueños o que algún sueño sea el motor para hacer algo, porque esta gente está muy ocupada entonces no tienen tiempo de estar pensando en tal. De allí ya puedes tirar para hacer algo; del material que ya tienes, te da material más fácil para trabajar y entonces un poco viene de allí.
P. Anteriormente mencionaste que en un principio querías ser mangaka, pero luego tuviste una fase de negación. ¿Publicarás un manga en un futuro?
R. Bueno, el voracine tiene formato de manga total, yo no estoy en contra de ningún tipo de género —es más un estilo que otra cosa, ¿no?, el estilo japonés—. Pero yo no estoy en contra de ninguno, lo que pasa es que me dices eso y es que tampoco haría un americano o un europeo. Una cosa muy valiosa que he descubierto gracias a los fanzines es justamente el haber encontrado mi propia manera de hacer, pero que en realidad no es nueva, en el sentido de que está llena de todo. Hay mucho manga dentro de mis trabajos, a lo mejor uno tan clásico quizás no, porque me gusta mucho colorear, o a lo mejor sí, y a lo mejor eso le llamas manga, de hecho, manga significa “cómic”, al fin y al cabo. Esto lo dice mucho Oriol Hernández, que es el autor de La piel del oso (2012) y va a sacar ahora un tebeo que se llama El gato negro —precioso— que ha sido publicado en Japón y le llaman manga a lo que hace: es superfrancés, europeo, pictórico, que parecen tebeos hechos por Toulouse–Lautrec, y eso son mangas allá. Pero, claro, entiendo que cuando decimos “manga” es un manga–manga. Por el libro y el formato, me encantaría hacer algo así, lo que pasa es que mi trabajo tiene muchas cosas que no sé qué tal se vería en un formato tan pequeño, pero lo estamos viendo ahora con el voracine. En realidad, según te voy contestando, digo “¿por qué no?”, mientras pueda seguir dibujando como me guste, pues sí, ¿por qué no voy a hacer un manga?
P. ¿Estás trabajando en algo nuevo?
R. Sí, desde hace relativamente poco, estoy trabajando en algo nuevo porque me dieron una de las ayudas de la creación del cómic del Ministerio. Entonces, tenía que ponerme con ellos. Es verdad que no quería ponerme ahora mismo, me hubiera gustado ponerme más tarde, porque Encías Quemadas lo terminé el año pasado, es como mucho al mismo tiempo, todo esto de las entrevistas, las ferias… Yo he ido a muchas ferias de autoedición, pero es muy distinto; desde salones, ir de invitado, todo esto de viajar tanto es algo muy nuevo para mí, y sobre todo hablar del tebeo, siento que no me he despegado, y según voy hablando del tebeo voy viendo nuevos matices, que a lo mejor no veía cuando lo estaba haciendo. Además, te confieso que no he terminado mi TFG, ya mi profe me ha dicho “bueno, ya terminaste el tebeo, ahora haces el TFG” y lo estoy haciendo de Encías Quemadas, entonces es como que me está costando mucho separarme, pero hace un par de semanas conseguí abrir huequito y ponerme a pensar en el siguiente y por fin creo que ya lo tengo. A ver, tú te presentas [al Injuve] con un guion, pero en ese momento —igual que con Encías Quemadas— no tenía pensado que me fueran a coger. Entonces, como no tenía nada nuevo porque llevaba tres años trabajando en Encías Quemadas, lo que hice fue presentar otro proyecto que tenía de antes, que era el que yo estaba moviendo antes de Encías Quemadas, que fue en realidad el que yo le llevé a mi editor Jaume. Ese proyecto ya tiene sus años y además lo escribí cuando estaba más pequeña, entonces tenía que volver a ver cómo hacía para después de todo lo que he aprendido, gracias a Encías Quemadas, cómo encontrarme dentro de esa historia y no hacer por cumplir. Porque esto es un trabajo, obviamente la pasta me viene bien; me encanta poder dedicarme solamente a esto, pero no quiero perder la parte de por qué hago esto, no quiero simplemente sacar otras historias, ahora tengo que cumplir con las fechas, porque las tengo que cumplir porque Hacienda no es tan majo como mi editor. Estaba muy acojonada por eso, pero hace un par de semanas ya por fin me han entrado esas ganas de dibujar, y además de dibujar esta historia en concreto, entonces ya estoy más tranquila, ya va en marcha.



