Treinta años después de su nacimiento, la saga de entretenimiento más rentable del mundo afronta un desgaste creativo que pone en duda su capacidad para reinventarse

Ramón Valls
The Pocket Monsters nace como un videojuego de captura y coleccionismo de dinosaurios en la mente del diseñador Satoshi Tajiri, inspirado en la afición infantil japonesa de atrapar insectos. Gracias al apoyo de Shigeru Miyamoto, productor de Nintendo, en febrero de 1996 llega al público la primera entrega bajo el nombre Pokémon para Game Boy, con dos versiones simultáneas y 150 especies diferentes, algunas exclusivas según la edición con la intención de obligar a los jugadores a interactuar.
“Hazte con todos” es el eslogan de la marca y la popularidad llega con el rumor del Pokémon 151, especie creada junto a otras 19 pero eliminadas por cuestiones de capacidad de almacenamiento. En abril del mismo año se oficializa la existencia de Mew mediante un sorteo en la popular revista manga CoroCoro, con el que 20 afortunados podrían obtenerlo de forma oficial.

El misterio en torno a esta criatura, unido a la propagación de especulaciones y la habilidad de canalizar estas corrientes como fuentes de interés, fue lo que hizo estallar el fenómeno. Pese a que el final llegaría con su segunda entrega, este año la franquicia cumple su 30 aniversario, con su décima generación anunciada para 2027. Sin embargo, los últimos títulos lanzados para Nintendo Switch ponen en duda cuál debe ser el camino para poder mantener el interés.
La dirección creativa: el ‘Donphan’ en la habitación
El argumento de cada entrega ha tomado como base cuestiones de la vida real, ocultas tras una máscara de ingenuidad y subtexto. La relación del ser humano con la naturaleza, con los ideales o con el pasado, dan forma a los aspectos esenciales, como la historia o el territorio a explorar.
La generación cuatro; Pokémon Diamante, Perla y Platino (2008); la última basada en un territorio de Japón, supone un punto de inflexión al abordar el existencialismo y la mitología. Las especies legendarias representan deidades que dan origen a todo el universo y dotan a su vez de un peso mayor a este tipo de Pokémon.
La generación cinco; Pokémon Blanco y Negro (2011); inspirada en Estados Unidos, resulta en la entrega más atrevida, con una historia madura que pone en duda la ética de su propio universo y un intento de desvinculación de juegos anteriores al no contar con la presencia de ninguna especie antes vista.

A partir de este momento, se genera un debate respecto a la calidad y el paso del tiempo da la razón a la propuesta de Junichi Masuda, director principal hasta esta entrega. El salto a Nintendo 3DS y los cambios progresivos de dirección, han derivado en ensayos de prueba y error para incorporar cambios paulatinos. La comunidad y la crítica percibe ahora títulos acelerados, incompletos y desprovistos de cualquier intencionalidad.
Las nuevas mecánicas, como la ‘Mega Evolución’ o la ‘Tera Cristalización’, intentan ser las bases de la narración, despertar la nostalgia y la aceptación de los más acérrimos y explorar formas de mejorar la jugabilidad de los combates. Chicles que pierden el sabor en poco tiempo y necesitan ser cambiados antes de que el jugador entienda que solo está mascando goma.
El futuro es mejor en el pasado
Las tramas y subtramas incompletas han sido el juego personal de la compañía para mantenerse en el top de ventas, así como un salvavidas en caso de peligro. La esperanza de los jugadores por volver a ver determinado personaje o conflicto, incluso saber más sobre su pasado o futuro, explican las remasterizaciones, convertidas en una obligación no pactada por cada nueva consola de Nintendo que sale al mercado. Refritos que en algún momento dejarían de ser aceptados.

Con el regreso de la venerada cuarta generación, pero destrozada por su remasterización; Pokémon Diamante Brillante y Perla Reluciente (2022); también llega la línea Leyendas Pokémon para sofocar la decepción y anunciar un nuevo rumbo. Leyendas Pokémon: Arceus (2022) promete la exploración del pasado, mientras que Leyendas Pokémon: ZA (2025), el último lanzamiento de la franquicia, promete ver el después de los juegos principales y sacar a la luz las ideas descartadas.
La calidad continúa siendo una cuestión secundaria, con equipos de producción bajo mínimos, narrativas planas y gráficos poco pulidos
Si lo nuevo ya no funciona, es hora de sacar el as bajo la manga. No obstante, la calidad se mantiene como una cuestión secundaria, con equipos de producción bajo mínimos, narrativas planas y gráficos poco pulidos. Para algunos resulta inteligible la permisividad por parte de Nintendo, aunque comprensible al no tratarse de una propiedad completa, pero sí una potencial competencia interna capaz de eclipsar cualquier juego de Super Mario Bros o The Legend of Zelda.
El diseñador y programador Shigeki Morimoto, involucrado en la producción de Pokémon Rojo, Verde y Azul (1996-1998), fue preguntado en 2009 sobre el Pokémon 151. “El cartucho estaba a tope y después de limpiar datos quedó libre un espacio minúsculo: 300 bytes, así que se nos ocurrió meter a Mew ahí”, relató en Iwata Asks. “Lo dejamos por si nos servía para alguna actividad posterior y, si nadie quería usarlo, no pasaría nada porque nadie sabría de su existencia”, explicó.
El número de especies ya es 10 veces mayor que la posición que ocupó Mew. El descenso de calidad apenas se ve reflejado en el número de ventas, ni siquiera por parte del sector que más critica este hecho. Pese a cualquier error, las nuevas generaciones serán recordadas con cariño por los nuevos jugadores, pues no dejan de ser el público objetivo.
Pokémon ha sabido ser una marca multimedia desde el origen y por ello será capaz de subsistir muchos años más, pero tendrá que reaprender a adaptar tiempos de producción adecuados y objetivos sólidos como en el pasado para permanecer como la franquicia de entretenimiento más rentable del mundo o asumir un segundo plano frente a otras franquicias en ascenso.



