El Siente Santa Pola Xperience celebra su tercera edición del 3 al 19 de julio en el Auditorio El Palmeral con un cartel que mezcla música urbana, flamenco, pop, humor y noches remember

Melina Campello
Hay festivales que se construyen alrededor de una tribu. Los que van al Primavera Sound saben más o menos lo que van a encontrar. Los del Viña Rock también. Pero hay otro modelo, menos frecuente, que consiste en abrir la puerta de par en par y dejar que entre quien quiera, sin importar demasiado si le gusta el trap, el flamenco o la canción de autor. Eso es, en esencia, lo que lleva haciendo el Siente Santa Pola Xperience desde que se puso en marcha hace apenas tres años: un festival sin género fijo, sin público predefinido, que ha encontrado en la variedad su motivo de existir.
El escenario es el Auditorio El Palmeral, un espacio al aire libre situado en el parque que lleva el mismo nombre en el centro de Santa Pola, el municipio costero de la provincia de Alicante conocido sobre todo por sus playas, su puerto pesquero y el tráfico imparable de veraneantes que llega cada julio. No es un sitio cualquiera. La sombra de las palmeras, la noche mediterránea y una acústica que favorece los conciertos lo convierten en un lugar con encanto natural, de esos en los que la música funciona aunque no sea perfecta.

La primera edición del festival fue en 2024 y se centró exclusivamente en el humor, con noches de monólogos que llenaron prácticamente todas las butacas. El éxito fue suficiente para que, al año siguiente, los organizadores decidieran dar un salto y añadir conciertos al programa, cruzando por primera vez esa frontera invisible que separa la comedia de la música en vivo. En 2025, el cartel mezcló la risa de Martita de Graná o David Cepo con la nostalgia del pop rock de los ochenta (La Guardia, Alejo Stivel, Tam Tam Go, Amistades Peligrosas) y las noches de rock con clásicos como Burning, 091 o La Frontera, cerrando agosto con un par de veladas de raíz y flamenco fusión protagonizadas por Chambao, María Pelae y Diego Carrasco. Siete fechas, varias decenas de artistas y géneros que, en cualquier otra programación, habrían vivido en planetas distintos.
Ahora, en su tercera edición, el festival da otro paso adelante. Del 3 al 19 de julio de 2026, dieciséis días de programación, frente a las siete fechas del año anterior, El Palmeral acogerá un cartel que se ha ampliado todavía más. Habrá música urbana con Ptazeta o La Gore, pop e indie con Nena Daconte, Vuelo Fidji o Elle Coves, flamenco y raíz con Kiko Veneno y El Canijo de Jerez, sesiones remember de los ochenta, los noventa y los 2000, K-pop, reggaetón clásico y humor con Susi Caramelo. Si en 2025 había treinta artistas repartidos entre siete noches, esta edición promete superar esa cifra con creces.
El reto de mezclar sin que suene a raro
La pregunta más obvia que uno puede hacerse ante un cartel así es si funciona. Si el público que va a ver a Kiko Veneno es el mismo que se queda para escuchar a Ptazeta. Si quien compra la entrada para una noche de reggaetón clásico hubiera ido de todas formas a un festival de flamenco.
Víctor Cascales, uno de los organizadores del festival, lleva tiempo pensando en eso. Explica que la clave no es mezclar todos los géneros en una misma noche, sino entender que “el público de Santa Pola y sus visitantes pueden disfrutar de un artista urbano como Ptazeta o La Gore un viernes y de Café Quijano o Fran Cortés la semana siguiente”. El festival, desde esa visión, no es una sola noche con una ensalada de estilos, sino un ciclo que se extiende en el tiempo y que le ofrece a cada persona su momento. “Eso es Siente Santa Pola XP”, resume.
Lo que Víctor describe es algo que los grandes festivales multitudinarios han tardado décadas en entender y que aquí se aplica de forma casi intuitiva. La diversidad no se resuelve poniendo a todo el mundo junto, sino organizando el tiempo de manera que cada grupo encuentre su noche. Las noches temáticas (los ochenta, los noventa, el remember) funcionan como anclas emocionales que atraen a públicos muy concretos sin excluir a quien quiera explorar más allá de lo que suele escuchar.
Pero hay algo más en este modelo que va más allá de la estrategia comercial. Víctor habla de “romper las burbujas musicales” como uno de los pilares del festival. En la programación de 2026, artistas como La Gore, Fran Cortés, Vuelo Fidji o Elle Coves, esta última con base en Londres, representan esa apuesta por lo menos conocido, por los nombres que no llenan solos una carpa de festival grande pero que pueden encontrar aquí un escaparate que de otra manera no tendrían. “No buscamos ser un festival de nicho cerrado”, dice, “sino una experiencia donde la curiosidad sea la protagonista y cada noche ofrezca la oportunidad de encontrar un nuevo artista favorito”.
Esa filosofía, dicho así, suena bonita. Pero lo interesante es que parece estar funcionando. La primera edición llenó los aforos con solo monólogos. La segunda amplió la oferta y no perdió público. La tercera alarga la duración casi al triple. Eso no pasa si el público no está respondiendo.
Un modelo que no depende de las modas
El contexto en el que nace y crece este festival no es casual. Santa Pola lleva años invirtiendo en la cultura de verano como palanca turística. Los datos de Turismo Santa Pola reflejan un crecimiento interanual del 23,71% en turismo receptor durante mayo de 2025, con visitantes llegando de Reino Unido, Noruega, Suecia, Francia y Alemania, además del mercado nacional procedente de Madrid, Albacete, Murcia o Valencia. El gasto turístico en el municipio durante ese mes alcanzó casi un millón y medio de euros según datos de SEGITTUR, con un reparto casi igualado entre mercado nacional e internacional. En ese contexto, tener un festival propio que genere razones para venir o para quedarse más días no es un lujo, es una inversión con retorno bastante claro.
Lo que hace singular al Siente Santa Pola Xperience dentro de ese ecosistema es que no compite con el modelo de macrofestival. No hay carpas de 20.000 personas, ni campings, ni precios de tres cifras para la entrada. El Auditorio El Palmeral es un espacio con un aforo razonable, en el centro del pueblo, accesible, donde las entradas parten de los 15 euros. Eso lo convierte en algo que el vecino de Santa Pola puede permitirse sin planearlo con meses de antelación, y que el turista puede añadir a su semana de playa sin que le suponga un quebradero de cabeza.

Víctor lo articula en términos de sostenibilidad: “Contar con un abanico que va desde el urbano y el k-pop hasta el pop rock y los monólogos permite atraer a diferentes nichos de público en un mismo ciclo”. No depender de un solo género es, también, no depender de que ese género esté de moda. Si el reggaetón baja, ahí está el indie. Si el flamenco fusión no termina de cuajar un año, el humor cubre. Es una estructura pensada para aguantar el paso del tiempo sin tener que reinventarse por completo cada temporada.
Ese modelo de “festival transversal” (la expresión es suya) es lo opuesto a la especialización que ha dominado el mundo de los festivales en la última década. Mientras muchos eventos se han ido afinando hasta convertirse en algo muy concreto para un público muy específico, el Siente Santa Pola apuesta por lo contrario: ser el sitio donde caben todos, aunque “seguramente nos equivocaremos”, reconoce Víctor con una honestidad poco habitual en el sector. “Pero seguiremos probando para crear un espacio para todos los públicos y estilos musicales”.
Noches distintas, mismo lugar
Una de las cosas que llama la atención al revisar la programación de 2026 es la coherencia interna de cada noche, por encima de la disparidad del conjunto. El festival no mezcla estilos dentro de la misma sesión de forma aleatoria. Hay una noche urbana con Ptazeta, El Jincho y sets de DJ, una sesión de pop e indie con Nena Daconte y compañía, una dedicada al flamenco y la raíz con Kiko Veneno y El Canijo de Jerez, noches remember temáticas, e incluso una propuesta de k-pop bajo el nombre de “Golden Experience” y un cierre con reggaetón clásico en “La Casita del Perreo”. Cada noche tiene su propia lógica interna.
Esa estructura es la que permite que el festival funcione a la vez como una cita para el que ya lo conocía y como una invitación al descubrimiento. Quien entra por el pop coreano puede quedarse curioseando qué pasa la semana siguiente. Quien va al flamenco puede tentarse con ver a Nena Daconte. Y quien lleva años sin salir a un concierto puede encontrar en las noches remember el gancho que le haga volver. El Palmeral, en julio, se convierte en algo parecido a un espacio de prueba. Se convierte en un lugar donde la música no está segregada por tribu sino ordenada por noches, lo que baja la barrera de entrada para todo el mundo.
El humor, por su parte, sigue teniendo presencia en el cartel. En las tres ediciones ha habido monólogos, y eso no es accidental. La comedia en directo tiene una lógica muy diferente a la del concierto, ya que el público que va a reírse no suele ser el mismo que va a saltar. Pero en un festival que se define por la variedad, incluir el humor es también una forma de decir que la noche puede terminar de formas distintas. Susi Caramelo en 2026, como Martita de Graná en 2025 o David Cepo en 2024, representan esa voluntad de que el entretenimiento no se reduzca a un solo registro.
Lo que viene
El Siente Santa Pola Xperience llega a su tercera edición con más fechas, más artistas y, aparentemente, más confianza. La extensión de la programación de 2026, del 3 al 19 de julio, es la señal más clara de que algo está funcionando. Tres semanas de actividad continua en un auditorio de pueblo de costa, con entradas a precios razonables y un cartel que no tiene nada que ver con la homogeneidad que domina la mayoría de carteles de verano, es un experimento que merece atención.
No es un festival perfecto ni pretende serlo. Es joven, está aprendiendo y, como reconoce uno de sus organizadores, asume que se va a equivocar por el camino. Pero hay algo en esa disposición a equivocarse, a meter un tributo a las Guerreras K-pop al lado de Kiko Veneno, a cruzar la comedia con el trap y el remember con el indie, que resulta más honesto que muchos carteles de decenas de millones de euros que terminan pareciéndose todos entre sí.
Al final del verano, cuando el Palmeral vuelva a quedarse en silencio y las palmeras recuperen su ritmo habitual, quedará la pregunta de si este modelo tiene recorrido más allá de Santa Pola. Por el momento, la respuesta que da el propio festival es seguir creciendo, seguir probando, y confiar en que en un pueblo del Mediterráneo hay sitio para todo: para el flamenco, para el reggaetón, para la risa y para el pop de los ochenta, siempre que cada cosa tenga su noche y su lugar bajo las palmeras.



