El 5 de diciembre, VIOLETA trazó un espectáculo donde la voz se volvió pintura y la escena, memoria

Belén Hernández
El silencio de un aforo completo venera la espera de la aparición de VIOLETA al escenario. Un respeto único e íntimo que solo puede ser alcanzado por un artista y su público comprometido. Breve es la calma porque el Teatro Circo de Murcia cae rendido a los pies de una VIOLETA que se deja ver tras una mezcla de su primera canción ‘Overture’.
ACTO I
Su entrada con ‘I. CORAZÓN MANDE’ deja el resquicio de haber visto a una deidad aparecer, con tan solo un único foco dirigido hacia ella mientras que el resto del escenario permanece en la oscuridad. David G. y Raymond Naval, unos bailarines que ejecutan con una perfección milimétrica unas coreografías que acompañan, sin acaparar la atención, a una VIOLETA que nos deleita con sus canciones.
Tras esta introducción, y todavía con el público boquiabierto, VIOLETA nos habla sobre que su proyecto y su nombre están inspirados en la ópera La Traviata (1853) y que, por esa misma razón, el concierto estará dividido en tres actos, igual que en la obra italiana. La cantante menciona, de forma anecdótica, que el teatro es precioso por los techos que alberga, comentario que provoca las risas tiernas de un público ensimismado en cada frase. Las palabras y la emoción que VIOLETA desprende dejan a la vista del teatro lo que de verdad significa ser una artista.
El concierto continúa su curso con ‘I. cruz Y delicia’, una canción que no pasa desapercibida entre un público que comienza poco a poco a animarse con el ritmo y un arte lumínico más que evidente. Sin embargo, no es hasta ‘I. deliriO’ que el teatro no se levanta a disfrutar de la canción más lujuriosa del álbum y por la que todo el ambiente se torna rojo pasión. Casi todo el aforo está a punto de sentarse hasta que las luces cambian a un tono azul y, con una transición hecha a medida, comienza a sonar ‘LIBERTÁ’. Sorprendente, puesto que no se ve a VIOLETA cantar, sino realizar una coreografía al compás de sus compañeros bailarines en una especie de duelo de armas. Es más adelante cuando agarra el micrófono y su voz inunda el teatro con la parte más melódica de la canción.
Las palabras y la emoción que VIOLETA desprende dejan a la vista del teatro lo que de verdad significa ser una artista.
ACTO II
Tras un breve descanso, mientras aún se escucha a la gente murmurar sobre el increíble despliegue técnico, visual y artístico, VIOLETA reaparece con ‘II. ay’, velada tras una tela blanca encendida en rojo, donde el juego de sombras convierte la escena en una pintura viva, casi un suspiro manierista, con esa obsesión técnica por las telas que dejan ver lo que esconden.
Siguiendo la línea animada, VIOLETA canta ‘II. 17:17’. Mantiene al público pendiente, de pie, casi escéptico de lo que puede llegar después porque parece imposible que mejore lo que hasta ahora ha ofrecido. Aún mantiene la expectativa con ‘II. ME PELEA’, donde los bailarines se turnan para hacer un alarde coreográfico envidiable a una interpretación igual de codiciable.
Casi sin esperarlo y en un silencio absoluto en el lugar, VIOLETA nos embelesa con una versión de la canción ‘Summertime’, de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. Los graves y el timbre de la voz para esta adaptación mantienen al público sentado en sus respectivos asientos, pero con la plena atención en la actuación. Ahora sí. Ahora sí que piensas que es insuperable, pero VIOLETA cuenta entonces que quiere seguir la línea de tocar el piano en ‘II. Contigo’, cambio que realizó en el concierto de Barcelona por primera vez y que, tras la gran acogida, decidió aplicar en el resto de ciudades de su gira. Es en ese momento cuando pide que el teatro cante con ella, pero la gente está demasiado extasiada como para cantar en voz alta, y prefieren disfrutar de la intimidad que ofrece esta canción.
El público se funde en un abrazo en forma de aplausos infinitos, y es entonces cuando suenan los acordes de algo que la gente lleva mucho tiempo escuchando: su primer single, ‘el x venir’. Por un momento, el teatro parece venirse abajo con algo que resulta tan conocido. De una forma tan familiar, finaliza el acto II de VIOLETA.

ACTO III
Como en el arranque del acto III de La traviata, VIOLETA aparece tendida en una cama, ahora vestida de negro, un presagio de tristeza y fragilidad, y nuevamente velada por la tela blanca. Entre la gasa y la luz, su silueta se adivina mientras comienza a cantar ‘Les feuilles mortes’, de Yves Montand, convirtiendo la escena en un susurro íntimo que suspende la respiración de toda la sala. Aún en la cama, sus bailarines la sacan al centro del escenario mientras deleita al público con ‘III, SABOR DE ANHELO (bolerito)’ mientras ellos le lanzan pétalos de rosas y ella se deja venerar.
Tras esto, VIOLETA se levanta de la cama, coge el pie de micro y comienza la canción con la que consiguió coronarse como artista invitada en la edición de 2025 de Operación Triunfo, y que dejó ensimismado al público menos adepto con su puesta en escena y potente voz. En este concierto no es para menos; ‘III. cruel final’ es una de las canciones más esperadas de los recitales de su poesía y se puede comprender la razón.
Aún con el corazón en la mano, comienza a sonar ‘Pearls’, de Sade. La canción ya pone los pelos de punta, y VIOLETA hace un excelente trabajo transformándola en algo muy personal. Es cuando suenan los primeros compases de ‘III. OJALÁ!’ que el teatro sabe que todo lo bueno tiene su fin, pero no por ello dejan de disfrutar aquello que están escuchando, hasta que finaliza la canción y se marcha del escenario.
Agradece al público por haber abrazado su proyecto y comparte su deseo de que cada canción permanezca en el recuerdo tras haber vivido su interpretación como un arte.
ACTO FINAL
Tras unos aplausos que no parecen terminar, la artista termina su concierto provocando ese silencio de un aforo completo que ahora venera la aparición de VIOLETA para su despedida. Ahora, sin embargo, con un dulce recuerdo de haber vivido la experiencia.
La artista sale, da las gracias a todo su equipo con un cariño absolutamente real y notable, reconociendo el esfuerzo y la dedicación de cada persona que ha hecho posible el espectáculo. Agradece al público por haber abrazado su proyecto y comparte su deseo de que cada canción permanezca en el recuerdo tras haber vivido su interpretación como un arte. Un arte que solo se puede apreciar valorando el esfuerzo, el cariño y la sensibilidad de VIOLETA.
Cuando parece que el concierto ha finalizado, se acerca a recoger todos los regalos de aquellas personas que tanto la admiran, habla con ellas y se detiene a escuchar sus palabras, mostrando la misma cercanía y autenticidad que expresó durante toda la velada. Cada gesto transmite gratitud y complicidad, como si quisiera que cada persona sintiera que su presencia y su apoyo han sido recibidos de una manera única.
Todo ello concluye, y ha sido cruz y delicia para el corazón.



